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El podcast «Rompiendo el Silencio»: Sonia Ricondo y la realidad judicial del abuso sexual infantil

En este revelador episodio de «Rompiendo el Silencio», conocemos a Sonia Ricondo, abogada especializada en violencia de género y atención a menores víctimas de violencia sexual. Su testimonio nos abre las puertas a una realidad judicial compleja, donde los avances legislativos chocan con un sistema que aún carece de la perspectiva de género e infancia necesaria para proteger verdaderamente a las víctimas más vulnerables.

 

El despertar de una conciencia jurídica

La especialización de Sonia no surgió de la casualidad, sino de una inquietante constatación durante sus estudios: «En toda la carrera de derecho no había ninguna asignatura ni ninguna optativa que tratara los temas de violencia, ni contra los niños o niñas, ni violencia de género».

Esta ausencia era especialmente llamativa porque «cuando ya te lanzas al mundo judicial ves que hay muchísimas situaciones así y que hay unos juzgados especializados en esto». «¿Cómo podía ser que no hubiera nada en la carrera?», se preguntaba una joven Sonia que «fui un poquito pesada» preguntando por qué no existían estas formaciones.

Más preocupante aún era que «no solo no había nada específico, sino que además tampoco había una perspectiva ni de género ni de infancia en las asignaturas» generales.

Desmontando el mito de la neutralidad jurídica

Sonia aborda de frente uno de los grandes mitos del sistema judicial: su supuesta neutralidad. «Hay cierta parte de la sociedad que ha querido ver la perspectiva de género, la perspectiva de infancia, las perspectivas básicas de derechos humanos como algo radical».

«Al final lo que estamos pidiendo es que se garanticen ciertos derechos», explica Sonia. «Algo muy básico, pero ciertamente se ve como algo peligroso». Esta resistencia forma parte de una «agenda política donde ciertos sectores menos progresistas, cuando se avanzan derechos, intentan que se retroceda».

El fenómeno de las «denuncias falsas»: destruyendo un mito peligroso

Uno de los temas más controvertidos que aborda Sonia es el de las supuestas denuncias falsas, especialmente en casos de abuso sexual infantil. Su perspectiva es contundente:

«Si acompañaran a un niño o a una niña por un proceso judicial, todo el mundo vería que no pueden existir las denuncias falsas porque realmente es un periplo muy complicado».

«Creer que alguien lo ha querido hacer por un motivo de enemistad o por un motivo económico es realmente muy sorprendente porque el procedimiento judicial es un camino muy complicado y muy duro emocionalmente».

Esta creencia surge, según Sonia, del «confort de creer que vives en un sistema judicial perfecto que funciona con un reloj y que no se equivoca nunca». «Cuando no hay una condena es una denuncia falsa», resume la lógica perversa de este razonamiento.

El protocolo de actuación: primeros pasos tras la revelación

Sonia detalla meticulosamente qué debe hacer una persona cuando un menor revela una situación de abuso sexual:

«En primer lugar, ponerse en manos de expertas» como las entidades especializadas. «Intentar no tocar el relato, no hacer preguntas», y «intentar no alterarse porque depende de cómo reacciones, el niño o la niña puede cerrar en banda».

Es crucial «recoger, escuchar, y si nos dice varias cosas, intentar apuntarlo porque luego, de los nervios, no nos acordamos de la literalidad, y eso es súper importante de cara al juzgado».

La revolución Barnahus: un cambio de paradigma

Una de las innovaciones más esperanzadoras que describe Sonia es la creación de los centros Barnahus (Casa de los niños, en islandés), que representan «un paso que quiere evitar la revictimización».

Comparación entre el proceso tradicional y el modelo Barnahus para atención a menores víctimas de abuso sexual

«Nosotros, cuando poníamos una denuncia, el niño tenía que ir al juzgado a declarar, luego al médico, al hospital, a comisaría». Los Barnahus «intentan centralizarlo todo en un mismo centro».

En estos espacios, «la declaración se hará con unos psicólogos especializados del equipo técnico penal, se grabará para evitar que este menor tenga que ir el día del juicio a exponerlo». Esta grabación «se reproducirá el día del juicio para que el menor no tenga que ir».

Los centros funcionan «las 24 horas, los 365 días del año» y cuentan con «un aspecto acogedor y agradable con salas separadas para preservar la privacidad, cocina-comedor, despachos y sala de exploración médica».

La especialización: ¿lujo o necesidad?

Sonia plantea una reflexión crucial sobre la supuesta «especialización» en casos de abuso sexual infantil: «Cuando hablas de uno de cada cinco niños, ¿cuánto es de ser superespecializado? Cuando hablas del uno de cada cinco niños, ¿cuánto es una especialización y cuánto es un requisito común?».

La formación debe ser «transversal y nos la tenemos que encontrar desde la primera tramitadora que te encuentras en el juzgado hasta el juez que tiene que juzgar esta situación».

Más allá de la formación técnica, Sonia destaca que «a veces es un tema de perspectiva humana, de entender que la gente está pasando por procesos muy duros, que son humanos. A veces en el juzgado se nos olvida que estamos tratando con personas».

El problema de la impunidad sistemática

Uno de los aspectos más preocupantes que denuncia Sonia es cómo «un sistema que no responde bien o responde como tendría que responder, o responde tarde, es un sistema que genera un espacio de complicidad hacia los agresores».

«Si tú ves que en 4 años no pasa nada, esto le genera mucha frustración a la víctima que ha puesto la denuncia, pero le genera un espacio de impunidad a este agresor y a muchos otros porque ‘si a este no le ha pasado nada, pues a mí tampoco'».

Las dificultades añadidas del abuso intrafamiliar

Sonia aborda con especial sensibilidad los casos más complejos: cuando el agresor es un familiar cercano. Estas situaciones «añaden dificultades que ya supone de por sí poner una denuncia»:

  • Convivencia: «Puede estar todavía viviendo en convivencia, el niño lo ha revelado pero conviven con esta persona»
  • Dependencia emocional: «Puede existir una dependencia emocional porque es un familiar muy cercano»
  • Dependencia económica: «Si ha sido tu padre y tu madre depende económicamente de esta persona»

Además, estas violencias sexuales «muchas veces están camufladas a través de juego, a través de cosquillas, a través de incluso cuidados, entonces es difícil detectarlas como violencia».

La culpabilización de las víctimas

Sonia denuncia la terrible dinámica de culpabilización que reproduce el propio sistema judicial: «Nos encontramos con preguntas como ‘¿por qué no lo dijiste antes?’, ‘¿por qué no lo paraste?’, ‘¿por qué no se lo dijiste a tu madre antes?'».

«Solo en esa pregunta creas tanta culpa, o ya no la creas sino que sostienes y alimentas una culpa que ya existe».

Esta culpa se intensifica cuando «hay familias que se rompen con estas situaciones cuando hay una revelación», llevando al menor a sentir que «yo he roto la familia».

Sonia relata casos especialmente graves: «Tuve un caso donde se culpabilizó a la menor porque había consumido voluntariamente alcohol, y le dijeron ‘otro día vete con más cuidado cuando hayas bebido porque te pueden pasar estas cosas feas'». «Esto fue motivo de muchas terapias, una sola frase le llevó muchas sesiones de terapia».

El concepto de «víctima ideal»

La abogada conecta con el concepto de «víctima ideal» mencionado en episodios anteriores del podcast: «Normalmente es una mujer tímida, buena, calladita, que nunca responde a la violencia». En el caso de los menores, «si ya en mujeres se ve que hay muchas que se quedan invisibilizadas por no encajar en este espectro, en menores debe ser peor».

La pérdida de control en el proceso judicial

Sonia describe una realidad dolorosa: «Tenemos un sistema muy punitivo. Una vez se pone la denuncia, se pierde esa autonomía: ya está, yo tengo que poner esta denuncia y una vez está puesto, sale de mis manos».

«Muchas personas no ponen la denuncia porque perderán ese control», y «ese miedo es normal». Especialmente preocupante es cuando «los agresores utilizan esa carga para manipular: ‘es que me vas a pedir prisión, es que me estás pidiendo que me metan en la cárcel'».

La prescripción: una carrera contra el tiempo

En casos de abuso histórico (denunciado en la edad adulta), Sonia explica que «lo primero que se tiene que ver es el tema de la prescripción».

Recientemente, la legislación española ha avanzado significativamente: «Para los delitos más graves contra menores, el plazo de prescripción se contará a partir de que la víctima cumpla los 35 años», lo que significa que «la mayoría de los abusos sexuales contra menores prescriben cuando la víctima tiene entre 40 y 45 años».

Para «los casos más graves de delitos sexuales contra menores (con penas de hasta 15 años), podrán denunciar las víctimas hasta los 50 años».

Las pruebas: el desafío de lo invisible

Sonia explica la compleja realidad probatoria en estos delitos: «Son delitos muy complicados porque normalmente ocurre en una intimidad que no hay nadie, entonces no tenemos ni testigos presenciales ni vídeos».

El sistema judicial busca «que la versión de la persona denunciante sea muy verosímil, que no tenga fisuras, que todo encaje». También requiere «corroboración periférica: testigos de referencia que hubieran podido notar alguna sintomatología, mensajes, informes psicológicos o médicos».

Sonia critica esta «búsqueda de una declaración perfecta que muchas veces sabemos que no existe».

La difusión del modelo jurídico en la sociedad

Un aspecto especialmente preocupante que identifica Sonia es cómo «el terreno jurídico muchas veces se ha comido la parte social». Las «personas que hemos sufrido ASI sentimos que a no ser que nuestro testimonio sea completamente perfecto, no es válido o no nos van a creer».

Esta «necesidad del relato perfecto se empapa también en otros aspectos, en el aspecto psicológico, en poder contar lo que te ha pasado aunque sea fuera del espacio jurídico».

Medidas de protección familiar

En casos donde el agresor es el padre o tutor, «se puede producir un cambio en las medidas» de custodia. Las opciones incluyen «suspender las visitas que tendrá con este progenitor o bien el punto de encuentro, que es una respuesta intermedia para que haya visitas bajo un sistema supervisado».

Un mensaje de esperanza y realismo

A pesar de la dureza del sistema, Sonia transmite un mensaje esperanzador: «Esto va cambiando un poquito cada vez más con estos centros que impregnan de especialización».

Su colaboración con entidades como ÂngelBlau surge de ver «cada día gente verdaderamente desprotegida, sin acompañamiento, sin entender nada, sin ser comprendida». «Era sentir que sí que había una esperanza de que ayudarais a estas personas».

La necesidad urgente de cambio sistémico

El testimonio de Sonia Ricondo nos confronta con una realidad incómoda: nuestro sistema judicial, diseñado para impartir justicia, puede convertirse en una fuente adicional de trauma para las víctimas más vulnerables. Su experiencia nos muestra que los avances legislativos, aunque necesarios, son insuficientes si no van acompañados de una transformación profunda en la mentalidad y formación de quienes operan el sistema.

La implementación de centros como los Barnahus representa un rayo de esperanza, pero como bien señala Sonia, «si creamos un centro pero después en el juzgado nos encontramos operadores jurídicos que siguen sin tener perspectiva, nos volvemos a encontrar con el mismo tope del sistema».

Su llamado es claro: la justicia para los menores víctimas de abuso sexual no puede depender de la suerte de encontrarse con profesionales sensibilizados. Debe ser un derecho garantizado por un sistema que, desde la primera tramitadora hasta el juez, esté preparado para acoger, proteger y hacer justicia sin revictimizar.

Escucha este episodio esencial de «Rompiendo el Silencio» y comprende por qué la formación en perspectiva de género e infancia no es un lujo académico, sino una urgente necesidad de justicia.

 


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