En el primer episodio de “Rompiendo el Silencio”, Ángela nos presenta a Elena, autora del libro “Despertar” y superviviente de abuso sexual infantil durante la infancia y adolescencia en su entorno familiar. Esta conversación íntima nos lleva por un viaje extraordinario: cómo la escritura se convierte en medicina para el alma y cómo romper el silencio puede ser el primer paso hacia una vida plena.
Elena: transformando el dolor en palabras sanadoras
Elena nos cuenta que su proceso de escritura comenzó de manera espontánea durante su trabajo en consulta: “Cuando empecé a recordar situaciones vividas en el pasado, durante toda mi experiencia en consulta estuve escribiendo las cosas que me venían a la cabeza, los recuerdos, cómo me sentía”. Lo que inicialmente era “una libreta bastante un infierno” que esperaba quemar al final del proceso, se transformó en algo completamente diferente cuando su psicóloga le propuso: “Escribe un libro porque ahora ya tienes varios retales y puedes hilar una historia”.
Esta experiencia resuena con la investigación sobre escritura expresiva como herramienta terapéutica. Los estudios demuestran que escribir sobre experiencias traumáticas durante 20-30 minutos diarios mejora significativamente la salud tanto psicológica como fisiológica a los 2-3 meses, ayudando a procesar la información y conversar de forma distinta al pensamiento, con más profundidad.uoc
El proceso que nunca acaba: “Sigo escribiendo”
“Todavía la tengo y de hecho sigo escribiendo”, revela Elena, desmitificando la idea de que la sanación tiene un punto final definitivo. “Es escribir el libro, seguir hablando del tema y te van viniendo más cosas, te vas acordando de más detalles y sigo escribiendo”.
Esta experiencia ilustra lo que los especialistas identifican como las fases de sanación del abuso sexual infantil: un proceso no lineal que comienza con la supervivencia y termina con una vida satisfactoria que ya no está programada por lo ocurrido en la infancia. elmundodelosasi
La maternidad como despertar: cuando el cuerpo recuerda
Elena describe vívidamente cómo la llegada de su maternidad hace tres años despertó los recuerdos: “A partir de mi maternidad empiezo a notar una sobreprotección hacia mi hijo. No dejaba que lo cogieran, comentarios que hacían me hacían sentir muy incómoda porque le hablaban a mi hijo como me hablaban a mí cuando querían abusar de mí”.
Esta experiencia encuentra respaldo científico: la maternidad es una crisis vital que puede reactivar conflictos del pasado no elaborados. Las investigaciones muestran que las madres supervivientes pueden experimentar reactivación de vivencias traumáticas, interfiriendo en el establecimiento de un vínculo seguro con su hijo. vanessaverge
El instinto protector como guía
“Cuando mi hijo tenía un año y medio me empezaron a abrir recuerdos”, cuenta Elena, describiendo cómo el instinto maternal la llevó a buscar ayuda profesional. “Al final se trata de proteger a alguien más indefenso, es ese instinto que nos nace a todas al ser madres”.
Sin embargo, Elena también comparte la parte más oscura de este proceso: “Estaba dando el pecho a mi hijo y pensaba: ‘¿Y si estoy abusando de él?’ Le decía a mi marido: ‘¿Y si yo no me estoy dando cuenta de algo y le estoy haciendo daño?'» Esta preocupación refleja el estigma que sufren las supervivientes sobre la repetición de patrones, cuando la realidad es que la cadena del maltrato se rompe en el eslabón más fuerte.vanessaverge
La disociación: el mecanismo de supervivencia incomprendido
Elena explica de manera magistral uno de los aspectos más incomprendidos del trauma infantil: “En esas situaciones que vivía abuso disociaba, es decir, el cuerpo está ahí pero la mente no. Es un mecanismo de defensa de supervivencia superimportante”.
“Me deja alucinada pensar que pueden estar rompiéndote la vida, partiéndote el alma, y al día siguiente vas al cole, juegas, ríes y te sientas en un pupitre”, reflexiona Elena, describiendo perfectamente lo que los especialistas llaman disociación como mecanismo de supervivencia: “permite a la persona separarse de la realidad, desconectar del dolor y el miedo cuando los eventos superan la capacidad de afrontamiento”.itasaludmental
El poder de las palabras precisas
Una de las reflexiones más profundas de Elena gira en torno a la importancia de nombrar correctamente la experiencia: “Cuando empiezas a contar, más que por suavizármelo a mí se lo intentaba suavizar a los demás. Era un poco de ‘bueno, sufrí un abuso o tocamientos’. Al final era ‘¿a quién cuido realmente con esto, a los demás que reciben mi dolor o a mí misma?'»
“Las palabras tienen muchísima fuerza”, enfatiza Elena. “Para mí, el poder decir ‘abusaron de mí, me violaron cuando era una niña, cuando era indefensa, cuando me tendrían que haber cuidado’ me abrió la puerta a seguir trabajando”.
Esta observación es fundamental: poner nombre al trauma es el primer paso hacia la sanación, y la precisión en el lenguaje es crucial para la recuperación de la dignidad de las supervivientes.somosestupendas
El silencio familiar: entre la negación y las amenazas
Elena narra cómo su familia inicialmente “nadie me negó nada, todo el mundo atribuyó todos esos abusos a mi abuelo que ya está muerto”, pero cuando comenzó a recordar más detalles y “a desenredar más”, la reacción cambió drásticamente: “Me recomendaron una evaluación psiquiátrica. Ya vi que tenía que seguir mi camino por mi cuenta, decidí tomar distancia y cortar todo el contacto”.
El precio de la verdad se hizo evidente cuando publicó su libro: “Se me empezó a difamar por redes sociales, me amenazaron con tomar acciones legales si seguía visibilizando. Yo pensé: ‘Ya me han quitado mucho, esto no me lo van a quitar'».
La comunidad invisible: no estás sola
Una de las revelaciones más poderosas de Elena es el descubrimiento de una comunidad invisible de supervivientes: “Desde el momento en que empecé a trabajarlo y pude compartirlo, me he encontrado a muchas personas que también me han compartido sus testimonios y se crea esa red que es muy bonita que nace de romper el silencio”.
Las estadísticas confirman esta realidad: uno de cada cinco niños y niñas sufre abuso antes de llegar a la mayoría de edad, pero Elena reflexiona: “Imagínate la cantidad de supervivientes que hay en todo el mundo. Es alucinante. Por eso son tan importantes estos espacios de conversación”.lavanguardia
Un mensaje de esperanza y transformación
Elena concluye con una reflexión profunda sobre el proceso de sanación: “Al sanar el abuso te redescubres, es como que has tirado al suelo todo lo que habías construido porque ves que los cimientos no son sólidos y te vuelves a descubrir de otra forma. Y eso es muy chulo”.
Su transformación personal es evidente: de ser alguien que “odiaba a los niños visceralmente” y “no quería tener hijos”, a convertirse en madre y “necesitar que se sepa que este secreto no sea nunca más un secreto”.
Escucha este primer episodio transformador de “Rompiendo el Silencio” y descubre cómo Elena ha convertido su dolor en una herramienta de sanación no solo para ella, sino para todas las personas que necesitan saber que romper el silencio es posible y que no están solas.
En ÂngelBlau creemos que cada historia compartida es una luz que ilumina el camino para otras supervivientes.
Gracias a Elena por su valentía y por demostrar que de las heridas más profundas pueden nacer las palabras más sanadoras.
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