En el segundo episodio de “Rompiendo el Silencio”, Ángela nos presenta a Alberto del Val, psicólogo especializado en violencia sexual y psicología LGTBI, quien nos habla de un tema profundamente invisibilizado: el abuso sexual hacia hombres gays, bisexuales y trans. A través de su proyecto pionero “Arriando el hombre”, Alberto desmonta mitos, visibiliza realidades ocultas y nos muestra cómo la masculinidad puede ser tanto factor de riesgo como barrera para la sanación.
Alberto del Val: rompiendo barreras desde la experiencia personal
Alberto se presenta como “psicólogo especializado en violencia sexual y en psicología LGTBI”, cuya labor se centra en “acompañar a personas que han sufrido violencia sexual”. Su proyecto más innovador, “Arriando el hombre”, surgió de una necesidad personal: “En mi proceso de sanación detecté que era importante poder compartir eso con otras personas que estuvieran en una situación similar”.
La estadística que Alberto comparte es reveladora: “Las mujeres y las niñas son quienes más sufren violencia sexual. Después de esta población, estarían los hombres gays y bisexuales”. Esta realidad, sin embargo, permanece en gran medida invisibilizada.
“Arriando el hombre”: el primer espacio de su tipo
“No hay espacios, al menos a nivel territorial”, explica Alberto sobre la ausencia de recursos especializados. “Sí que hay otras experiencias en Estados Unidos, pero aquí no contamos con ningún espacio donde pueda hacerse este abordaje más comunitario”.
El grupo de ayuda mutua lleva “un año y medio realizando encuentros” y atiende a una realidad compleja: “En el grupo hay un 40% de personas que sufrieron ASI (abuso sexual infantil) y un 60% que sufrieron violencia sexual en la edad adulta”.
La paradoja de ser víctima y potencial agresor
Alberto describe una de las particularidades más complejas de estos espacios: “La orientación sexual sí que te predispone, es un factor de riesgo para sufrir una agresión sexual, pero también tu género es un factor de riesgo para cometerlo. El 94% de las agresiones se dan por parte de hombres”.
Esta doble perspectiva permite “hacer ese abordaje y tener esa doble perspectiva porque podemos tener más riesgo de sufrir una violencia sexual, pero también podemos ejercerla”.
La masculinidad como barrera invisible
Uno de los aspectos más reveladores que comparte Alberto es cómo “la palabra víctima solamente esa palabra es una confrontación con la masculinidad”. “Si tú a un hombre le preguntas si ha sufrido violencia sexual o una violación te va a decir que no porque no se identifica con esa etiqueta”.
La investigación confirma esta realidad: “A los hombres se les enseña a no identificarse como víctimas. Se tiende a enseñar a los hombres a suprimir las emociones, evitar la vulnerabilidad y a no pedir ayuda”. Esta socialización “representa la victimización como algo femenino y utiliza la vergüenza como herramienta para suprimir comportamientos asociados con la feminidad”.
El concepto de “víctima ideal”
Alberto explica cómo “el concepto de víctima ideal normalmente es una mujer tímida, buena, calladita, que nunca responde a la violencia”. En el caso de los hombres, “es lo más alejado a ese concepto que tenemos. Su relato no encaja en el relato social”.
La complejidad emocional masculina
“En el caso de los hombres cuesta muchísimo mostrar vulnerabilidad”, observa Alberto. “En un grupo de mujeres que han sido víctimas puedes incluso llorar. En el grupo de hombres muy pocas veces he visto a alguien romperse”.
Sin embargo, existe una emoción que sí está “permitida”: “La rabia es la emoción que más se vincula a la masculinidad y que no está castigada”. Pero Alberto advierte: “Es una rabia malentendida que va desde la destrucción, desde el conflicto. En un proceso de sanación esa rabia se tiene que transformar y utilizar para poder ordenar las cosas en beneficio propio”.
La invisibilización de las secuelas
Alberto señala una paradoja social preocupante: “La hipersexualización en una mujer es problemática, pero en un hombre es algo positivo. Este tipo de síntomas que indican que hay una problemática subyacente son más difíciles de detectar”.
Esto conecta con el mito de que “el hombre siempre tiene que estar disponible”, lo cual “dificulta que puedas ver que lo que ha sucedido es una agresión sexual porque yo siempre tengo que estar disponible para esto”.
Los mitos que perpetúan el silencio: Cuando el agresor es una mujer
Alberto describe vívidamente esta realidad: “Cuando la persona agresora es una mujer hacia un niño o adolescente, siempre están estos comentarios de ‘qué suerte’ o ‘te enseñó’, llevándolo desde esta masculinidad de ‘enorgullécete'».
La confusión sobre orientación sexual
Uno de los aspectos más complejos que aborda Alberto es cuando “un hombre que sea hetero sufre un abuso sexual infantil por parte de un hombre, puede tener conflicto con su orientación sexual, atribuyendo el abuso a que ‘quizás soy gay'». En el caso de hombres gay, “aparece la homofobia interiorizada: el hecho de sufrir violencia sexual ha sido por vincularme sexoafectivamente con hombres”.
La metáfora de la sala de espera: una revelación transformadora
Una de las reflexiones más profundas que comparte Alberto es la metáfora de la sala de espera: “Si necesitas el ‘por qué’ y que ese por qué venga de una persona externa, estás en la sala de espera. Estás como cuando eras pequeño esperando a que esa persona te dé luz verde para poder hacer tu proceso”.
“El proceso de sanación va de empoderarse, de recuperar el poder que te habían quitado”. “Sentir que estás en una sala de espera genera mucho malestar y es incompatible con poder hacer el proceso de sanación que todas las personas merecen”.
La importancia de los referentes masculinos
Alberto subraya la necesidad de visibilidad: “Es muy complicado poder significar o darte el espacio para sanar si no hay ninguna referencia. Hay muy pocos hombres que hayan verbalizado que hayan roto el silencio públicamente”.
Sin embargo, ve esperanza: “Cada día más, porque con los medios de comunicación sí que hay presencia de hombres. Esto sí que está ayudando porque el hecho de que no haya ningún referente hace que sea más costoso que puedas ver que lo que ha sucedido quizás ha sido una agresión sexual”.
Pautas para el acompañamiento
Cuando se le pregunta sobre cómo acompañar específicamente a hombres supervivientes, Alberto es claro: “No creo que haya muchas diferencias. En esencia es creer a esa persona 100%. Ha sucedido. Y ver lo que necesita esa persona, darle espacio para que sea ella quien diga lo que necesita”.
La clave está en “la aproximación que puedes hacer: no va a ser como una agresión sexual porque el imaginario va a tener una penetración. Es más ir a la vivencia: si esa vivencia te ha hecho sentir mal, si sientes que has sido abusado, si te ha hecho sentir pequeño”.
La denuncia: una opción, no una obligación
Alberto desmitifica la presión social sobre la denuncia: “A nivel social existe la creencia de que la única forma de luchar y visibilizar es únicamente a través de la denuncia por las vías legales. Eso es una barrera muy grande para romper el silencio”.
“La denuncia es una opción más dentro de todo el proceso de sanación, no es el único camino ni es un requisito para romper el silencio y sanar”. Lo importante es que quienes deciden denunciar “lo puedan hacer acompañados de juristas especializados, porque eso marca la diferencia entre que un proceso pueda ser empoderante o revictimizante”.
Un llamado a la especialización profesional
Alberto concluye con una reflexión crucial sobre la importancia de la formación especializada: “Es importante tener un acompañamiento a todos los niveles que esté especializado y que las personas que te acompañen sepan de qué están hablando para hacerlo de una manera saludable”.
Escucha este episodio revelador de “Rompiendo el Silencio” y descubre cómo Alberto del Val está transformando el panorama del acompañamiento a supervivientes masculinos. Su trabajo pionero nos recuerda que romper el silencio no tiene género y que todos los supervivientes merecen espacios seguros para sanar.
En ÂngelBlau seguimos trabajando para que ninguna experiencia de supervivencia quede invisibilizada. Gracias a Alberto por abrir caminos donde antes solo había silencio.
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