Grupo de Palabras Ángel Blau

LA EMPATÍA EN AGRESORES DE VIOLENCIA DE GÉNERO

Basado en el webinar organizado por:
Asociación H-Amikeco • Fundación Fiadis • Universidad de Granada
Apertura y bienvenida:
Alicia Cabaleiro Domínguez – miembro del equipo de coordinación de la asociación H-Amikeco
Andrea Jiménez Salinas – Presidenta de la Fundación Fiadis
Presentación de resultados:
FIADYS (Fundación para la Investigación Aplicada de la Delincuencia y Seguridad)
Mesa redonda:
José Francisco Lagos – Psicólogo clínico, Psicólogos Sin Fronteras
Gema Sanchís Romeu – psicóloga forense y sanitaria, miembro del equipo de coordinación de la asociación H-Amikeco.
Sandra Jimeno Cerdán – Psicóloga sanitaria, Servicios Sociales de Massanassa (Valencia)
Moderadora: Carla de FIADYS (Fundación para la Investigación Aplicada de la Delincuencia y Seguridad)

La empatía en hombres condenados por violencia de género.

La empatía es la capacidad de entender lo que siente otra persona y compartir su emoción. 

La investigación fue realizada por la asociación H-Amikeco, la Fundación Fiadis (Fundación para la Investigación Aplicada en Delincuencia y Seguridad) y la Universidad de Granada

Estas tres organizaciones llevan colaborando desde 2018 y este es su sexto proyecto conjunto. 

H-Amikeco es una entidad que desde 2005 realiza programas de tratamiento con agresores de violencia de género, y también trabaja con personas condenadas por delitos de naturaleza sexual y delitos en red. 

Desde 2021, además implementa el proyecto Círculos de Apoyo y Responsabilidad.

La Fundación Fiadis se dedica a la investigación aplicada. Su objetivo es servir de puente entre la universidad y la sociedad, colaborando con ONGs, entidades públicas y privadas para que la investigación tenga un impacto social real y genere conocimiento científico que mejore las prácticas profesionales.

La presentación del estudio tuvo dos partes: Los resultados de la investigación y después una mesa redonda con profesionales que trabajan en el día a día con agresores de violencia de género.

La apertura y bienvenida corrió a cargo de Alicia Cabaleiro Domínguez (Asociación H-Amikeco) y Andrea Jiménez Salinas, presidenta de la Fundación Fiadis.

1. ¿Por qué se hizo esta investigación?

Presentado por:

Agar Marín Morales, doctora en Psicología especializada en violencia de género y neurociencia social, profesora e investigadora de la Universidad de Granada e investigadora asociada de la Fundación Fiadis.

La violencia de género es un problema grave de salud pública

La violencia de género sigue siendo un problema de salud pública a nivel mundial. No solo por la cantidad de casos, sino también por el enorme impacto que tiene a nivel social, familiar y personal.

Según la Organización Mundial de la Salud:

  • Una de cada cuatro mujeres ha sufrido violencia física o sexual por parte de su pareja o expareja.
  • El 38% de los asesinatos de mujeres en el mundo son cometidos por sus parejas o exparejas.

En España, las cifras también son alarmantes:

  • En 2024, 39.056 hombres fueron condenados por violencia de género.
  • La violencia de género es la tercera causa de privación de libertad en España.
  • Es uno de los delitos con mayor tasa de reincidencia.
  • En 2024, 48 mujeres fueron asesinadas por sus parejas o exparejas.

Dos líneas de estudio

Ante estas cifras, la investigación sobre violencia de género ha crecido en dos direcciones:

  1. Centrada en las víctimas: para analizar las consecuencias de la violencia y reducir su impacto.
  2. Centrada en los agresores: para estudiar las variables que contribuyen a la violencia que ejercen y así mejorar los tratamientos psicológicos. Esta investigación se centra en esta segunda línea.

La importancia de la intervención con agresores

La intervención con hombres condenados por violencia de género se considera una estrategia clave para prevenir nuevas agresiones y proteger a las víctimas.

Los programas de tratamiento tienen varios objetivos:

  • Modificar las actitudes que sostienen la violencia.
  • Cambiar las creencias erróneas sobre las relaciones de pareja.
  • Transformar los patrones de comportamiento violento.
  • Reducir la alta reincidencia.
  • Promover relaciones basadas en el buen trato, el respeto y la igualdad.

El programa PRIAMA

En España, el programa de referencia en el ámbito comunitario es el PRIAMA (Programa de Intervención para Agresores de Violencia de Género en Medidas Alternativas).

Este programa fue desarrollado por la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias. Lo aplican tanto profesionales de la propia institución como profesionales de entidades del tercer sector, como H-Amikeco y muchas otras.

El PRIAMA aborda factores de riesgo a nivel psicológico, cognitivo y emocional. Entre las variables que trabaja están:

  • Las distorsiones cognitivas (creencias erróneas sobre la violencia).
  • Los déficits en la regulación emocional (dificultad para gestionar las emociones).
  • Las creencias sexistas que justifican la violencia.
  • Las dificultades empáticas hacia las víctimas.

Sin embargo, a pesar de la importancia de estos programas, los estudios indican que su eficacia para reducir la reincidencia es variable. Por eso sigue siendo fundamental investigar las variables que influyen tanto en la violencia como en los mecanismos de cambio terapéutico.

Otros programas existentes

Además del PRIAMA, existen otros programas que los profesionales han aplicado:

Taller Regenerar: es un programa psicoeducativo (no de intervención). Es más breve que el PRIAMA y se utiliza como sustitutivo a trabajos en beneficio de la comunidad. También está dirigido a hombres condenados por violencia de género.

Programa PECAS: es un programa de intervención similar en estructura al PRIAMA, pero está diseñado específicamente para personas condenadas por delitos de violencia sexual.

El 74,5% de los profesionales encuestados había aplicado otros programas de reinserción además del PRIAMA.

2. ¿Qué es la empatía y por qué importa?

Presentado por:
Agar Marín Morales (Universidad de Granada / Fundación Fiadis).

Definición de empatía

La empatía es un concepto con muchas dimensiones. Tiene dos componentes principales:

Empatía cognitiva: es el conjunto de capacidades que nos permite comprender y adoptar la perspectiva de otra persona. Es ponerse en su lugar con la mente, entender lo que piensa y por qué actúa de determinada manera.

Empatía afectiva: es el conjunto de capacidades que nos permite experimentar una respuesta emocional congruente con el estado emocional de otra persona. Es sentir algo parecido a lo que siente el otro, conectar emocionalmente con su sufrimiento o su alegría.

La empatía como freno de la agresión

Los estudios científicos indican de forma repetida que:

  • La empatía se relaciona con una menor probabilidad de conductas agresivas.
  • La empatía se relaciona con una mayor probabilidad de conductas prosociales (ayudar a otros, cooperar, ser solidario).
  • La empatía tiene una función inhibidora de la agresión: si empatizo contigo, me cuesta mucho más hacerte daño.

Idea clave: la empatía funciona como un freno natural de la agresión. Si entiendo y siento el sufrimiento que causo, es menos probable que agreda.

¿Los agresores no tienen empatía?

Con esta lógica, podríamos llegar a pensar que si estos hombres agreden a sus parejas es porque no son empáticos en absoluto.

Sin embargo, esta conclusión sería errónea. Las investigaciones más recientes indican que:

  • Algunos estudios encuentran un déficit general en la empatía de esta población.
  • Pero otros estudios, que se están replicando cada vez más en los últimos años, muestran que estos hombres tienen una empatía similar a la población general, pero presentan dificultades específicas para empatizar con sus parejas.

Es decir, la empatía en estos hombres es selectiva y dependiente del contexto relacional.

La investigadora Agar Marín Morales, que lleva más de 10 años investigando sobre esto, explica que estos hombres pueden tener capacidad para empatizar con sus hijos, su madre, su padre, sus familiares y personas desconocidas, pero presentan un bloqueo empático específico hacia sus parejas.

Limitaciones encontradas en la práctica

A pesar de la importancia de la empatía, la investigadora detectó dos limitaciones importantes:

  1. Instrumentos de evaluación inadecuados: la mayoría de los instrumentos que se utilizan para evaluar la empatía la miden como una disposición general, no específica. Esto puede llevar a sesgos: si se evalúa la empatía a nivel general, puede parecer que estos hombres no tienen déficits, cuando en realidad los tienen específicamente hacia sus parejas.
  2. Escasez de estudios con la perspectiva de los profesionales: los profesionales que trabajan directamente con estos hombres pasan meses con ellos a través de la intervención. Pueden aportar información clave sobre dónde se manifiestan los déficits empáticos y qué dimensiones de la empatía son más resistentes al cambio. Sin embargo, apenas se les había preguntado sistemáticamente.

3. Objetivos de la investigación

Presentado por:
Agar Marín Morales (Universidad de Granada / Fundación Fiadis).

Objetivo general

Analizar el papel de la empatía en la violencia que ejercen los hombres condenados por violencia de género, a partir de la percepción y experiencia de profesionales que intervienen directamente con esta población en el medio comunitario.

Objetivos específicos

  1. Identificar las dimensiones fundamentales de la empatía (cognitiva y afectiva) relevantes en el contexto de la violencia de género. Es decir, ¿son ambas dimensiones importantes en la violencia que ejercen?
  2. Analizar cómo se manifiesta la empatía cognitiva y afectiva en esta población y si se muestra de forma diferente a la población general.
  3. Explorar la influencia de la sensibilización con las víctimas en el proceso de cambio. Es decir, ¿el trabajo sobre la empatía hacia las víctimas es efectivo o realmente no tiene efecto?
  4. Recoger información sobre los métodos de evaluación y seguimiento de la empatía a lo largo del tratamiento. Es decir, ¿qué instrumentos se utilizan para medir cómo llegan y si cambian?

Todo ello con el fin de diseñar futuros instrumentos de evaluación específicos que permitan medir un cambio real después del tratamiento.

4. ¿Cómo se hizo la investigación?

Presentado por:

Alicia Cabaleiro Domínguez, psicóloga sanitaria forense y directora general de operaciones y miembro del equipo de coordinación de programas de la Asociación H-Amikeco.

La empatía es la capacidad de entender lo que siente otra persona y compartir su emoción. 

La investigación fue realizada por la asociación H-Amikeco, la Fundación Fiadis (Fundación para la Investigación Aplicada en Delincuencia y Seguridad) y la Universidad de Granada

Estas tres organizaciones llevan colaborando desde 2018 y este es su sexto proyecto conjunto. 

H-Amikeco es una entidad que desde 2005 realiza programas de tratamiento con agresores de violencia de género, y también trabaja con personas condenadas por delitos de naturaleza sexual y delitos en red. 

Desde 2021, además implementa el proyecto Círculos de Apoyo y Responsabilidad.

La Fundación Fiadis se dedica a la investigación aplicada. Su objetivo es servir de puente entre la universidad y la sociedad, colaborando con ONGs, entidades públicas y privadas para que la investigación tenga un impacto social real y genere conocimiento científico que mejore las prácticas profesionales.

La presentación del estudio tuvo dos partes: Los resultados de la investigación y después una mesa redonda con profesionales que trabajan en el día a día con agresores de violencia de género.

La apertura y bienvenida corrió a cargo de Alicia Cabaleiro Domínguez (Asociación H-Amikeco) y Andrea Jiménez Salinas, presidenta de la Fundación Fiadis.

Alicia Cabaleiro Domínguez, psicóloga sanitaria forense y directora general de operaciones y miembro del equipo de coordinación de programas de la Asociación H-Amikeco.

Dos fases: cuantitativa y cualitativa

La investigación tuvo dos partes complementarias:

Fase 1: Cuestionario (parte cuantitativa)

Se creó un formulario de Google Forms con una serie de preguntas para profesionales que trabajan en el día a día con hombres condenados por violencia de género a través del programa PRIAMA.

El cuestionario analizaba:

  • El perfil sociodemográfico de los profesionales (edad, género, profesión).
  • Su experiencia profesional: qué programas han aplicado, cuánto tiempo llevan, cuántos grupos han dirigido.
  • Su percepción sobre la capacidad empática de los hombres condenados.
  • Cómo evoluciona la empatía durante el programa de tratamiento.
  • Cuáles son las formas más eficaces de intervención.
  • Qué métodos de evaluación utilizan.

Fase 2: Entrevistas en profundidad (parte cualitativa)

De los 49 profesionales que respondieron el cuestionario, se seleccionaron 7 para realizar entrevistas individuales en profundidad.

En estas entrevistas se profundizó en la valoración que los profesionales hacen sobre la capacidad empática de los hombres condenados, permitiendo obtener información mucho más detallada y matizada.

Análisis de los datos

Los cuestionarios se analizaron estadísticamente con el programa SPSS. Las entrevistas se analizaron de forma cualitativa, extrayendo información, llegando a conclusiones y elaborando recomendaciones prácticas.

Perfil de los profesionales participantes

En el cuestionario participaron 49 profesionales. De ellos:

  • El 79,8% son mujeres.
  • El 95,8% son psicólogos o psicólogas. También participaron crimólogos y otras profesiones afines.
  • Pertenecen a 13 entidades diferentes del tercer sector en todo el territorio nacional (como Cruz Roja, Diagrama, Asociación Canario, Más Familia, Psima y muchas otras).
  • Están representadas 20 provincias españolas. La mayor representación es Madrid (20%), Valencia (10%) y Murcia (10%).

Experiencia profesional de los participantes

Los profesionales que respondieron tienen una trayectoria muy larga, lo que da mucha solidez a los resultados:

  • Media de 11 años de trayectoria profesional en el tratamiento con hombres condenados por violencia de género.
  • Media de 15 grupos de tratamiento dirigidos. Como el PRIAMA es un programa grupal de unos 12-15 participantes, esto implica que cada profesional ha tratado a cientos de usuarios.

El 74,5% había aplicado otros programas de reinserción además del PRIAMA.

Una observación importante: la resistencia inicial

El 54% de los profesionales encontraba diferencias entre el PRIAMA y otros programas. En concreto, observaban que los hombres derivados por violencia de género mostraban:

  • Menor aceptación del delito: llegan negando o minimizando lo que han hecho.
  • Menor asunción de responsabilidad: no reconocen su parte de responsabilidad en la violencia ejercida.

Esta resistencia inicial está muy conectada con la capacidad empática y es una limitación importante con la que los profesionales deben trabajar desde el primer día.

5. Resultados principales de la investigación

Presentado por:
Alicia Cabaleiro Domínguez ( Asociación H-Amikeco).

5.1. La empatía no está ausente: es selectiva

Resultado fundamental: el 77,6% de los profesionales considera que los agresores NO tienen una ausencia global de empatía. Las dificultades empáticas son selectivas, dependen del contexto y de la persona con la que tienen que empatizar.

Cuando se les pregunta cómo reaccionan estos hombres ante el sufrimiento ajeno, los profesionales responden:

  • 4% muestran empatia con alta sensibilidad.
  • 32% son capaces de mostrar cierta sensibilidad, pero solo en algunos casos.
  • 86% su capacidad empática depende de la persona con la que deben empatizar.
  • 14% no muestran una respuesta emocional clara (indiferencia).

Lo más significativo es que la empatía depende fundamentalmente de si la persona con la que deben empatizar es su propia víctima (su pareja o expareja) u otra persona diferente.

5.2. Déficit empático al inicio del programa

Los profesionales observan que cuando estos hombres inician el programa, presentan un déficit general de empatía, especialmente de la empatía cognitiva (la capacidad de entender la perspectiva del otro).

El sufrimiento ajeno se relaciona tanto con respuestas de minimización como de sensibilización, y esto depende mucho de quién sufre.

5.3. Empatía hacia la pareja o expareja

Los datos sobre la empatía específicamente hacia la víctima son reveladores:

  • 36,7% de los profesionales identifican que los agresores son capaces de ponerse en el lugar de la víctima.
  • 63,3% identifican que tienen dificultades para empatizar con su pareja o expareja.
  • 83,7% identifican percepciones distorsionadas en su comportamiento: minimizaciones de sus acciones o justificaciones del tipo «puedo reconocer que hay un daño, pero lo minimizo o lo justifico».

Estas percepciones distorsionadas son precisamente lo que interfiere con la capacidad de mostrarse empáticos y de desarrollar la empatía hacia la víctima.

5.4. ¿Cuándo pueden empatizar con su víctima?

Una de las preguntas más interesantes de la investigación fue: ¿en qué momentos estos hombres son capaces de empatizar con su pareja o expareja? Las respuestas:

  • 6,1% – Nunca: algunos nunca son capaces de empatizar con su víctima.
  • Cuando sufre por motivos ajenos: es más fácil empatizar cuando el sufrimiento de la víctima no tiene nada que ver con ellos (por ejemplo, un problema de salud o laboral).
  • 44,9% – Cuando perciben riesgo de perder la relación: cuando sienten que pueden perder a esa persona, cuando hay una ruptura o un distanciamiento.
  • 61,2% – En la fase de arrepentimiento: después de un episodio violento, en la llamada «luna de miel», cuando baja el malestar y hay un momento de calma, es más fácil que empaticen con la víctima.
  • 24,5% – Cuando otros cuestionan su comportamiento: o cuando necesitan demostrar una imagen positiva ante los demás.
  • 6,1% – Cuando la víctima expresa sufrimiento de forma directa e intensa: incluso en esta situación, a la mayoría les cuesta empatizar.

Conclusión importante: la empatía hacia la víctima aparece principalmente cuando el agresor no se siente amenazado o en riesgo por ese reconocimiento. Es decir, cuando empatizar no implica asumir la responsabilidad del daño causado.

5.5. Indicadores de falta de empatía cognitiva

Los profesionales identifican la falta de empatía cognitiva a través de:

Mecanismos de defensa
  • Justificaciones: «Ella me provocó», «Cualquiera habría reaccionado igual».
  • Minimizaciones: «No fue para tanto», «Solo fue un empujón».
  • Culpabilización de la víctima: «Ella también tuvo la culpa».

Estos mecanismos bloquean activamente la posibilidad de empatizar con la víctima.

Locus de control externo

Estas personas ponen la responsabilidad fuera de sí mismos: culpan a la víctima, a la sociedad, a la justicia, a los abogados, a los profesionales que les atienden. Este desplazamiento de la responsabilidad es un indicador claro de falta de empatía a nivel cognitivo.

Nivel cognitivo y educativo

El nivel cognitivo y educativo de estas personas es un reto a la hora de abordar los patrones cognitivos problemáticos. Los profesionales señalan que cuando trabajan con personas de menor nivel educativo, les cuesta más intervenir para mejo

5.6. Indicadores de falta de empatía afectiva

Desconexión emocional consigo mismos

Los profesionales observan que estos hombres tienen dificultades para conectar con sus propias emociones y gestionarlas. Si a ellos mismos les cuesta identificar lo que sienten, mucho más les va a costar identificar y conectar con las emociones de otras personas.

«Cuando tú les preguntas cómo se sienten, hay una escasa expresividad. Les cuesta verbalizar más allá del bien o del mal, les cuesta mucho matizar.» — Profesional entrevistado/a

Los profesionales describen que en el día a día es muy común esta situación: les preguntas cómo se encuentran y su respuesta es «bien» o «mal». Les pides que concreten un poco más y les cuesta muchísimo. Les pides que lo conviertan en términos emocionales y en muchos casos es muy difícil.

Insensibilidad hacia el sufrimiento ajeno

Además de la desconexión con sus propias emociones, los profesionales observan una desconexión emocional con la víctima. Muchas veces lo relacionan con el propio distanciamiento y aislamiento emocional que tienen consigo mismos.

Secuencia observada: primero hay una desconexión consigo mismo (no identifican sus propias emociones) y luego una desconexión con los demás, especialmente con sus parejas y exparejas.

5.7. Otros indicadores de falta de empatía

Evitación activa de la víctima

A muchos de estos hombres les cuesta hablar de la víctima, ponerle nombre, compartir cuál es el nombre concreto de su pareja o expareja, personalizarla, hablar de sus características individuales.

Este distanciamiento, esta evitación de mencionar a la víctima, es un indicador importante de falta de empatía.

Concepción distorsionada del amor romántico

Estos hombres suelen tener una idea distorsionada de lo que es una relación de pareja:

  • Relaciones basadas en la dependencia emocional.
  • Normalización y legitimización de la violencia dentro de la relación.
  • La idea de la «media naranja»: la pareja como algo absolutamente necesario, como único fin en la vida.
  • Normalización de los celos.
  • Dificultad para entender que puede haber espacios individuales dentro de la pareja.

Esta imagen idealizada y dependiente de la relación les impide reconocer el sufrimiento de la víctima, porque choca con su patrón de lo que «debe ser» una relación.

6. ¿Qué pasa durante el tratamiento?

Presentado por:
Alicia Cabaleiro Domínguez ( Asociación H-Amikeco).

6.1. El programa PRIAMA en detalle

El programa PRIAMA consta de 34 sesiones de 2 horas cada una, que se realizan semanalmente. En total, dura unos 10-11 meses.

Es un programa grupal, lo que significa que los hombres condenados trabajan juntos en un grupo con un terapeuta o terapeuta. Esto es importante porque la dinámica de grupo influye mucho en los resultados.

6.2. Cómo llegan al inicio del tratamiento

Al comienzo del programa, estos hombres llegan con:

  • Negación directa del delito: «Yo no he hecho nada», «Yo no tengo nada que ver con esto».
  • Minimización del daño: «Puedo reconocer parte del delito, pero no fue para tanto», «El daño no es para tanto».
  • Externalización de la responsabilidad: ponen las causas fuera de sí mismos, culpan a otras situaciones, otras personas.
  • Egocentrismo: llegan tan centrados en su propio malestar (las consecuencias de la denuncia, la pérdida de trabajo, los litigios por custodia, los cambios vitales) que no tienen espacio mental ni emocional para pensar en la víctima.

«Empatizar con otra persona es como lo último. Sienten que su propia situación, sus propios cambios vitales, su pérdida de trabajo, los litigios por la custodia de sus hijos, otras pérdidas, ocupa todo su espacio mental y emocional.» — Profesional entrevistada

La autopercepción como personas empáticas

Un dato muy llamativo: estos hombres se perciben a sí mismos como personas empáticas, aunque los profesionales detectan claras dificultades.

Esto genera una disonancia muy importante en la terapia: si yo llego pensando que soy una persona empática y desde fuera me dicen que tengo problemas para conectar empáticamente con mi víctima, el choque es enorme. Los profesionales deben trabajar con cuidado esta disonancia.

Los perfiles psicopáticos

Los profesionales señalan la importancia de identificar perfiles con rasgos narcisistas, antisociales o psicopáticos. Estos perfiles van a tener una doble dificultad y una barrera muy grande para poder empatizar, especialmente con sus víctimas.

6.3. La resistencia de los primeros meses

Los profesionales de la mesa redonda describieron con detalle cómo son los primeros meses del programa:

  • Los usuarios ven al terapeuta como parte del sistema que les ha condenado. Especialmente si el terapeuta es mujer y joven.
  • Algunos utilizan el silencio como castigo: «No participo, te castigo con el silencio, voy a ver, voy a tantear».
  • Otros intentan boicotear las sesiones activamente, usando el efecto contagio del grupo para sostener su versión.
  • Muchos repiten que son inocentes, que es una injusticia, que el sistema está en su contra.
  • Algunos intentan provocar al terapeuta para tantear límites.

«Tres meses seguros a discutir. Tres meses seguros.» — Sandra Jimeno

Los profesionales coinciden en que esta resistencia inicial es mucho más intensa en los programas de violencia de género que en otros programas (como PECAS para agresión sexual o programas de delitos en red), donde los usuarios aceptan antes su situación.

Dato significativo: de los 10 meses de programa, los tres primeros se dedican básicamente a intentar que bajen las defensas. Se empieza a trabajar realmente a partir del cuarto mes con algunos usuarios.

6.4. Las etapas del cambio

Los profesionales utilizan el modelo de etapas del cambio para describir el proceso:

Precontemplación: no creen que tengan ningún problema. Es el estado en el que llegan la mayoría. A diferencia de una consulta privada donde las personas suelen acudir al menos en contemplación, aquí llegan obligados por vía judicial.

Contemplación: empiezan a considerar que quizás hay algo que cambiar.

Preparación para la acción: esta es la fase clave. Cuando son capaces de verbalizar y poner nombre a las emociones, cuando reconocen el dolor propio y el ajeno. Aquí se abre la «ventana» de la que hablan los profesionales.

6.5. La evolución durante el programa

Los profesionales observan una mejora general de la empatía durante el tratamiento, pero con matices importantes:

  • El cambio más difícil es la empatía directamente hacia la víctima.
  • El cambio más fácil es a nivel cognitivo: cuando reconocen los hechos y sus consecuencias, se van acercando a la empatía.
  • El cambio no es homogéneo ni universal: depende de cada persona, de su perfil y de sus rasgos de personalidad.
  • El grupo influye muchísimo: hay grupos donde la empatía fluye y otros donde es imposible. El contagio entre miembros del grupo puede ser positivo o negativo.

6.6. La ventana de oportunidad

Hacia el mes 7-8 del programa, los profesionales describen un momento clave que llaman «la ventana»:

Los usuarios que van a cambiar empiezan a abrirse. Algunos pasan por un estado semidepresivo o de culpa al tomar conciencia del daño causado. Conectan con el dolor propio y luego con el dolor de la víctima.

«Cuando ya son capaces de conectar con la empatía, empieza la motivación al cambio. Ya quieren hacer los role playings poniéndose ellos de víctima. Ya quieren buscar qué cosas fomentan su bloqueo de empatía.» — Sandra Jimeno

Pero aquí surge la gran frustración compartida por todos los profesionales:

Cuando los usuarios están preparados para cambiar de verdad, el programa está a punto de acabar. Varios piden que dure más. Algunos piden terapia privada por primera vez en su vida.

«Es que esto tendría que durar por lo menos un año más.» — Usuario del programa

6.7. Indicadores de que está habiendo un cambio

Los profesionales identifican varias señales de que un usuario está empezando a empatizar:

  • El discurso cambia: reducen las defensas, dejan de focalizarse tanto en la injusticia del sistema, miran más hacia sí mismos, cuando habla un compañero intentan entender en vez de contar su propia historia.
  • La expresión emocional cambia: toman conciencia de sus emociones, pasan del enfado al dolor, son conscientes del daño causado no solo a sus hijos o familiares, sino también a sí mismos y a la víctima.
  • Reconocen el delito: empiezan a contar cosas que no están en los hechos probados. Esto es un indicador clave de que están bajando las defensas.
  • Muestran interés y motivación: preguntan «Y eso, ¿cómo lo hago?», «Eso no sé hacerlo, ¿nos vais a enseñar?», «Madre mía, es que yo hago esto mucho y no sé cómo pararlo».
  • Piden repetir ejercicios: en las últimas sesiones, cuando se hacen role playings, algunos piden repetirlos porque saben que les ha salido mal y quieren mejorar.

6.8. El efecto del grupo

La dinámica grupal influye enormemente en el proceso:

  • Hay grupos donde la empatía fluye y es una maravilla trabajar con ellos.
  • Hay otros grupos donde es absolutamente imposible avanzar.
  • El contagio entre miembros puede ser positivo (uno empieza a empatizar y arrastra a otros) o negativo (un perfil narcisista puede bloquear al grupo entero).
  • Cómo llegan los miembros del grupo, cómo evolucionan individualmente, influye en la dinámica colectiva.

Los profesionales señalan que es importante que si un miembro no va a poder conectar con la responsabilidad del delito desde la empatía, al menos no impida que otros miembros del grupo sí puedan hacerlo.

7. Variables asociadas a la violencia de género

Presentado por:
Alicia Cabaleiro Domínguez ( Asociación H-Amikeco)

Los profesionales identificaron las siguientes variables como las más asociadas a la violencia que ejercen estos hombres:

52,8% – Falta de regulación emocional: no saben gestionar sus emociones. Tienen baja tolerancia a la frustración, baja tolerancia al dolor. El «termómetro de la ira» llega al 10 muy rápido porque no pueden gestionarlo.

30,6% – Celos y creencias sexistas: los celos están muy relacionados con la idea de amor romántico y las creencias sexistas. El esquema de los celos tiene un gran peso en las conductas violentas.

27,8% – Narcisismo y falta de empatía: la falta de empatía con la que llegan directamente a los programas.

22,2% – Consumo de sustancias: consumo abusivo de alcohol u otras sustancias.

13,9% – Falta de habilidades sociales, violencia aprendida y distorsiones cognitivas: la violencia que ya han vivido y que replican, las creencias sobre cómo deben ser las relaciones y la falta de habilidades para relacionarse de forma saludable.

8. Conclusiones de la investigación

Presentado por:
Denis Gil Vega, psicólogo sanitario y miembro del equipo de coordinación de la Asociación H-Amikeco.

8.1. La empatía es selectiva, no ausente

Las personas condenadas por violencia de género no tienen una ausencia total de empatía, como a veces puede parecer cuando se ven las noticias o la gente comenta en la calle.

Lo que se identifica es un bloqueo en la empatía: se activa de forma selectiva y contextual. Son capaces de mostrar empatía hacia sus familias, sus hijos, los compañeros del grupo, pero tienen grandes dificultades con su víctima.

Implicación para el tratamiento: no se puede entrar diciendo «tú no tienes empatía» cuando media hora antes ha empatizado con un compañero. Hay que trabajar partiendo de que la empatía no se da igual en todos los contextos.

8.2. Una confluencia de variables

Este déficit selectivo no es una sola cosa, sino una confluencia de varios elementos:

Variables cognitivas: los mecanismos de defensa respecto al delito. Si empatizo contigo en que has sufrido un daño porque yo he cometido un delito, supone que tengo que asumir una responsabilidad sobre unos actos que quizá ni yo mismo tenía planteados. La minimización y justificación de la violencia sirven para mantener esos mecanismos de defensa, y para ello es necesario que la empatía no aparezca.

Variables emocionales: la propia desconexión afectiva con sus emociones, especialmente con las emociones difíciles o dolorosas. Si me es difícil identificar cuando yo he sido víctima de otro tipo de situaciones, me bloquea la empatía con otras posibles víctimas. También los celos y los rasgos narcisistas pueden intervenir en ese bloqueo selectivo.

Variables sociales: los roles de género que invisibilizan la violencia y las concepciones del amor romántico basadas en el control. Hacen que ciertas conductas, aunque originen sufrimiento para la pareja, no sean vistas como negativas porque están dentro de lo que el agresor considera una relación normal.

8.3. La empatía hacia la víctima emerge con condiciones

La empatía hacia la pareja aparece espontáneamente cuando:

  • La víctima sufre por causas ajenas al agresor (enfermedad, problema laboral, problema familiar que no tiene que ver con él).
  • El agresor se encuentra en fase de arrepentimiento y no quiere perder a la víctima.
  • Percibe que puede haber un riesgo de perder la relación: la empatía aparece como intento de no perder algo que incluso puede depender de ello desde la idea del amor romántico.

Conclusión: la preocupación genuina y estable por el bienestar de la víctima puede existir, pero se bloquea cuando entra en confrontación con la preocupación por el propio bienestar, el miedo a la pérdida de la relación, el daño en la autoimagen o la aceptación del delito.

La negación de los hechos, la culpabilización de la víctima y el locus de control externo actúan como mediadores entre el déficit de empatía hacia la víctima y la autoprotección del agresor..

9. Recomendaciones para mejorar la intervención

Presentado por:
Denis Gil Vega (Asociación H-Amikeco).

9.1. Tres vías de actuación terapéutica

Los profesionales identifican tres vías principales para mejorar la empatía en estas personas:

Vía 1: Responsabilización sobre el delito y sus consecuencias

Trabajar los mecanismos de defensa para que puedan aceptar la responsabilidad sobre el delito, aceptar las consecuencias que ha tenido para la víctima y empezar a ver su sufrimiento.

Vía 2: Desarrollo emocional integral

Aprender a identificar las propias emociones, expresarlas, regularlas mejor y empezar a reconocer las emociones en otras personas, incluso cuando no coinciden con las propias. Estas dos vías son precursoras del trabajo sobre la empatía.

Vía 3: Trabajo específico sobre la empatía

Una vez sentadas las bases de responsabilización y desarrollo emocional, trabajar la empatía de forma progresiva: desde lo general (empatizar con hijos, compañeros, familiares) hacia lo específico (empatizar con la víctima del delito).

El trabajo sobre los mecanismos de defensa y la inteligencia emocional permite que el trabajo posterior sobre la empatía caiga en un suelo más fructífero y pueda florecer mejor.

9.2. Técnicas concretas propuestas

Role playing (representación de escenas)

Escenas teatralizadas en sesión donde los usuarios representan diferentes papeles: a veces como agresor, a veces como víctima, a veces como testigo. Lo importante es la retroalimentación emocional: identificar qué emociones están poniendo en juego, qué están sintiendo ellos y qué sentiría la persona que vive esa situación en su vida cotidiana.

Los profesionales de la mesa redonda confirman que los role playings son especialmente útiles al final del programa, cuando los usuarios ya están más abiertos. Algunos piden repetirlos porque saben que les ha salido mal y quieren mejorar.

Testimonios de víctimas

Se pueden utilizar películas, documentales, cartas anónimas o testimonios reales anónimos. No es lo mismo que alguien te diga una frase rápida de «me ha ocurrido esto» a que te leas una entrada de un diario de una página relatando cómo ha vivido esa situación. La elaboración detallada les invita a entrar en la vivencia de la otra persona.

Cartas y diálogos imaginarios

Permiten conocer la vivencia de otra persona sobre la situación que se está trabajando y conectar emocionalmente con ella.

Trabajo progresivo con vivencias

Una secuencia recomendada por los profesionales:

  1. Empezar con vivencias propias: su experiencia como padres, como compañeros, como hijos.
  2. Pasar a vivencias de compañeros del grupo con las que se puedan sentir identificados.
  3. Luego situaciones con las que no se sienten identificados.
  4. Situaciones en las que la persona ha actuado de una forma que ellos no actuarían.
  5. Vivencias de personas ajenas al grupo.
  6. Finalmente, vivencias de las propias víctimas de su delito.

Este último paso es el mayor reto: en algo en lo que yo mismo he estado involucrado, desligarme de mi vivencia de cómo lo he percibido yo para ponerme en el lugar de otra persona que estaba en esa misma escena.

Dinámicas de grupo específicas

Francisco Lagos, de Psicólogos Sin Fronteras, compartió dos herramientas que utiliza con éxito:

Los siete sombreros para pensar: adaptación del método de Edward de Bono. Cada color de sombrero representa un rol desde el que enfrentarse a una situación. Es un «juego» que hace que los usuarios se sientan cómodos y participen. Algunos no son capaces de cambiar de sombrero (lo que ya es un indicador diagnóstico), pero muchos funcionan muy bien y piden repetir la dinámica.

El triángulo dramático de Karpman: modelo que analiza los roles de víctima, perseguidor y salvador en las interacciones. Se trabaja durante dos o tres semanas según las necesidades del grupo.

9.3. Consideraciones importantes para la intervención

Adaptarse a las diferencias individuales

A los grupos del PRIAMA llega gente de todo tipo: diferentes nacionalidades, niveles culturales, profesiones, niveles educativos. Un profesional puede encontrarse con una persona con estudios universitarios y gran capacidad de razonamiento junto a una persona que solo ha tenido educación primaria y no está acostumbrada a leer.

Los profesionales deben adaptar las actividades y los conceptos para que todos los puedan entender e incorporar, contrastandóndolos siempre con sus vivencias personales.

Detectar perfiles problemáticos

Es importante identificar perfiles con rasgos narcisistas, antisociales o incluso sádicos (poco frecuentes pero posibles). Con estas personas puede ser muy difícil aspirar a que consigan una empatía genuina con la víctima. Lo importante es que al menos no impidan que otros miembros del grupo sí puedan conectar con ella.

Prestar atención a la dinámica grupal

¿Cómo se desenvuelven los miembros del grupo entre sí? ¿Se apoyan incondicionalmente ante cualquier mecanismo de defensa? ¿Son capaces de confrontarse? ¿Son capaces de señalar a un compañero que se está pasando? ¿Cómo reaccionan cuando uno empieza a empatizar? Todo esto da información muy valiosa.

Cuidar al profesional

Los profesionales de la mesa redonda insistieron en la importancia del autocuidado:

  • Trabajar con agresores es emocionalmente exigente. Los tres primeros meses de confrontación desgastan mucho.
  • Es importante detectar los propios sesgos como terapeuta y la contratransferencia (las emociones que te genera el usuario).
  • Se necesita supervisión profesional para que otro terapeuta pueda señalar puntos ciegos.

El desgaste de trabajar constantemente con violencia tiene un efecto acumulativo que hay que gestionar

9.4. Necesidad de herramientas de evaluación

Uno de los hallazgos más importantes de la investigación:

  • El 63,3% de los profesionales señalan que no disponen de herramientas adecuadas para evaluar específicamente la empatía. Hay cuestionarios de consumo de tóxicos, de asunción de responsabilidad, pero no específicos de empatía.
  • Más del 75% señaló que disponer de una herramienta así les sería de gran utilidad.

Conclusión: se necesita crear un instrumento específico para medir la empatía en hombres condenados por violencia de género. Este instrumento debería: medir la empatía tanto cognitiva como afectiva, incluir diferentes contextos y personas para detectar la empatía selectiva, servir para la evaluación antes, durante y después del programa, y estar baremado en esta población específica (no en población general).

10. La mesa redonda: experiencias de los profesionales

Moderada por:
Carla de FIADYS (Fundación para la Investigación Aplicada de la Delincuencia y Seguridad.
Participan:

José Francisco Lagos, psicólogo clínico y coordinador de programas de violencia de género en Psicólogos Sin Fronteras; Gema Sanchís Romeu, psicóloga forense y sanitaria, miembro del equipo de coordinación de la Asociación H-Amikeco. ; y Sandra Jimeno Cerdán, psicóloga sanitaria de los Servicios Sociales de Massanassa (Valencia).

10.1. La empatía se trabaja desde el minuto uno

Los profesionales coinciden en que la empatía no se trabaja solo en las sesiones específicas del programa, sino de forma transversal durante los 10 meses.

Desde las normas básicas de la primera sesión (no interrumpir, respetar al compañero, no recoger las cosas cuando quedan 5 minutos para terminar por empatía hacia quien está hablando) ya se está ejercitando la empatía.

Gema Sanchís Romeu explicaba que desde la confrontación terapéutica, al principio de forma suave y con «migajas», y luego cada vez más directa conforme avanza el programa, la empatía se transfiere a todos los 10 meses.

10.2. Qué valoran los usuarios del programa

Francisco Lagos compartió datos de valoraciones que los propios usuarios hacen al final del programa:

  • Lo que más les motiva: la implicación de los terapeutas, sentirse no etiquetados y la ayuda incondicional del terapeuta.
  • Lo que han incorporado: comprender a los demás, técnicas de autocontrol, reflexión, responsabilidad, control emocional, aceptar a los demás como son, asertividad, empatía, mejora de la relación de pareja, valorarse más y no dañar a los demás.
  • El método más eficaz: el 40% dice las dinámicas, otro 40% los contenidos, el 20% los cortos y películas.
  • Lo menos eficaz: las tareas para casa (muchos trabajan y no tienen tiempo ni ganas).
  • Solo un 3% dice no haber incorporado nada.

10.3. La confusión entre tristeza e ira

Sandra Jimeno compartió una observación que impactó a todos los participantes:

«Cuando les ponía las caras de expresiones faciales, muchos de ellos confundían la cara de tristeza con la de ira. Si su víctima pone cara de tristeza y ellos interpretan ira, pues para qué queremos más.» — Sandra Jimeno

Este sesgo en el reconocimiento emocional no lo vio en uno ni en dos ni en tres usuarios, sino de forma repetida en los grupos de violencia de género. En otros grupos de otros delitos no ocurría.

Los profesionales lo relacionan con la socialización masculina tradicional: no me permito la vulnerabilidad, si te pegan pegas, no llores. Esta socialización lleva a que cualquier emoción relacionada con la vulnerabilidad (tristeza, dolor, miedo) se interprete como enfado, porque el enfado es la única emoción «permitida».

Consecuencia práctica: si un hombre interpreta que su pareja está enfadada cuando en realidad está triste, la respuesta empática se bloquea completamente. En lugar de conectar con el sufrimiento, se activa la defensa.

10.4. Lo que falta: información de las víctimas

Francisco Lagos planteó algo que todos los profesionales comparten: la pena de no tener nunca información sobre la víctima.

Contó que en muy pocas ocasiones (solo 2 casos de los 30-35 grupos que ha dirigido), una compañera que trabaja en una asociación de mujeres maltratadas conoció a las parejas de usuarios que él tenía en el programa. La diferencia entre la versión del agresor y la realidad era enorme.

Los profesionales señalan que sería muy valioso poder contar con información de las víctimas, como ocurre por ejemplo en los programas de justicia restaurativa.

10.5. Los sesgos del terapeuta

Francisco Lagos también planteó un tema que muchas veces no se menciona: los sesgos del propio terapeuta.

A veces los sesgos están ahí llamando a la puerta y no nos damos cuenta. Se necesita que otro terapeuta pueda señalar lo que no estamos viendo: si nos está poniendo nervioso un usuario, si no hemos trabajado algo importante, si nuestra contratransferencia está interfiriendo.

Gema Sanchís añadió que la contratransferencia es especialmente importante en el paso de contemplación a preparación para la acción: el desgaste de tres meses confrontando mecanismos de defensa afecta al terapeuta, y cuando se abre la ventana de trabajo, el profesional ya puede estar agotado.

10.6. Desmitificar al agresor

Ante la pregunta de Julia (analista conductual) sobre si las asunciones del público general sobre los agresores coinciden con la realidad, Denis Gil Vega fue muy claro:

La conversación pública sobre violencia de género se centra en los casos más graves (asesinatos), que son una minoría. La gente conceptualiza al agresor como el criminal con premeditación, la persona obsesiva, el psicópata de película.

La realidad: las personas que cometen violencia de género son muchas veces personas cotidianas con ciertas distorsiones cognitivas. Pueden ser amables y empáticas en otros contextos pero tener creencias y patrones que facilitan la violencia en la relación de pareja. No son «monstruos» que no sienten empatía con nadie.

Alicia Cabaleiro añadió varios mitos que hay que desmontar:

  • No siempre hay un perfil hostil y agresivo visible. A veces lo que se ve es una gran depresión y una enorme necesidad: actúan desde el miedo a la pérdida.
  • El perfil es totalmente heterogéneo: cualquier nivel sociocultural, cualquier edad, cualquier nivel educativo.
  • Cuando bajas las resistencias, son personas que pueden ser conscientes de sus necesidades.
  • Nadie entra y sale absolutamente en blanco del programa: hay quien cambia un 80% y quien cambia un 5%, pero algo se llevan.

10.7. Violencia vicaria y empatía

Ante la pregunta de si los hombres que cometen violencia vicaria (utilizar a los hijos para dañar a la expareja) también tienen empatía dañada hacia sus hijos, Denis explicó:

La empatía dificulta mucho la agresión. Si estoy empatizando con el dolor que sufres, me cuesta mucho más agredirte o utilizarte. Cuando un hombre utiliza a sus hijos para dañar a la expareja, está bloqueando la empatía tanto hacia la expareja como hacia los hijos en ese momento específico. Probablemente luego pueda empatizar con sus hijos en otra situación (por ejemplo, hablando de algo del colegio), pero en el momento de la agresión, la empatía se tiene que apagar para posibilitar esa violencia.

Conclusión: para poder ejercer violencia, la empatía hacia la persona que sufre esa violencia tiene que estar desactivada. Parte de no volver a agredir es precisamente volver a activar esa empatía para hacerla incompatible con la agresión.

10.8. La empatía es cuestión de años

Gema Sanchís cerró la mesa redonda con una reflexión importante:

«La empatía no deja de ser una habilidad. Nos cuesta a todos, más en momentos de enfado, más cuando percibimos injusticia, más ante el dolor. Al final de la terapia ninguno empatiza al 100%. Quedan años de trabajo y de exponerse y poner en práctica en momentos difíciles, que son donde más riesgo hay de ejercer violencia.»Gema Sanchís Romeu

11. Aportaciones de la neurociencia

Presentado por:
Agar Marín Morales (Universidad de Granada / Fundación Fiadis),

En respuesta a una pregunta del turno de preguntas.

Agar Marín Morales explicó que la investigación sobre la empatía selectiva no se basa solo en datos psicológicos, sino también en evidencia neurocientífica.

A través de la neuroimagen (técnicas que permiten ver la actividad del cerebro) se ha descubierto que:

  • Los hombres condenados por violencia de género activan las áreas cerebrales implicadas en la empatía cuando se enfrentan a situaciones generales desagradables o dolorosas. Es decir, tienen la capacidad cerebral para empatizar.
  • Sin embargo, ante situaciones específicas de violencia de género, su cerebro no se comporta de la misma forma.

Este hallazgo neurocientífico confirma lo que los profesionales observan en la práctica: la empatía no está ausente, sino selectivamente bloqueada en el contexto de la violencia de género.

12. Limitaciones del estudio

Presentado por:
Denis Gil Vega (Asociación H-Amikeco).
  • Muestra pequeña: 49 profesionales. Es un campo muy específico y hay un reto para contactar con profesionales que tengan tiempo y ganas de participar en un estudio. Los que participaron lo hicieron por amor a la profesión y al deseo de mejorar la intervención.
  • Distribución territorial desigual: la mayoría eran de Madrid (20%). Se intentó incluir profesionales de muchas entidades diferentes para no sesgar los resultados con una sola forma de trabajar.
  • Perspectiva indirecta: la información se recogió a través de los profesionales, no directamente de los hombres condenados. Sería interesante contrastar ambas perspectivas.

• Cuestionario autoadministrado: siempre tiene sesgos de deseabilidad social (responder lo que se cree que es «correcto»).

13. Líneas futuras de investigación

Presentado por:
Denis Gil Vega (Asociación H-Amikeco).
  • Realizar estudios longitudinales que sigan la evolución de la empatía sesión a sesión a lo largo del tratamiento.
  • Ver cómo la empatía se relaciona con otros indicadores de mejora clínica (inteligencia emocional, detección emocional).
  • Crear un instrumento específico de evaluación de la empatía para esta población, que incluya factores cognitivos y afectivos y diferentes contextos y personas.
  • Evaluar la empatía directamente en los hombres condenados (no solo a través de los profesionales).
  • Obtener información de las víctimas para contrastar con la versión de los agresores.
  • Hacer seguimiento de la reincidencia tras el programa.
  • Seguir investigando factores que mejoren los programas de tratamiento y permitan reflexionar sobre cómo incorporar los hallazgos a las sesiones prácticas.

Más información y acceso al informe completo:

Web de H-AmikecoWeb de Fundación Fiadys

Contacto: H-Amikeco:  bilbao@amikeco.es,  Fiady: comunicacion@fiadys.org // gestionproyectos@fiadys.org 

El vídeo completo del webinar está disponible en YouTube.

Si crees que podemos ayudarte o tienes alguna duda, llámanos al +34 681 87 62 46 , envíanos un correo a info@angelblau.com, o escríbenos en el formulario de contacto que encontrarás en https://angelblau.com/contacto/

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