En este esclarecedor episodio de «Rompiendo el Silencio», conocemos a Arantxa Herrador Caravante, psicóloga forense y directora de la Asociación Raíces en Terrassa. Con 12 años de experiencia transformando familias en crisis, Arancha nos revela cómo su proyecto ha evolucionado desde abordar la violencia filio-parental hasta convertirse en un ecosistema integral de prevención y sanación del abuso sexual infantil.
El nacimiento de Raíces: respondiendo a la necesidad invisibilizada
La historia de Raíces comenzó con una constatación dolorosa en el trabajo de fin de máster de Arancha: «Me entrevistaba con madres que habían denunciado a sus hijos por violencia y todas me decían que no habían encontrado ningún servicio que atendiera esa problemática».
Hace una década, «no había tantos recursos para ese tipo de problemática» de violencia filio-parental. «A raíz de ahí y con la petición de aquellas madres, abrimos el servicio». Lo que comenzó como una respuesta específica ha crecido hasta convertirse en «un proyecto que atiende problemáticas familiares donde en algún momento hay algún tipo de conflicto o violencia», incluyendo «abuso sexual, violencia familiar, filio-parental o simplemente conflictos con tu hijo adolescente sin que llegue a ser violencia».
Un enfoque sistémico: la familia como ecosistema de sanación
Arancha define la filosofía de Raíces: «Es una pregunta muy amplia y cada caso un mundo. Según la reacción de la familia también, porque hemos vivido familias que se han posicionado al lado del agresor y han aislado la víctima, y hemos vivido familias que se han posicionado al lado de la víctima y han apartado al agresor».
Caminos divergentes: reacciones familiares ante la revelación de abuso sexual infantil
El trabajo terapéutico se centra en «bajar los niveles de ansiedad, enseñarles y darles pautas para que puedan acompañar a los niños en todo el proceso, para que sepan qué puede ser positivo y qué no puede ser positivo a la hora de interaccionar con ellos».
La paradoja del trauma infantil
Una de las aportaciones más revolucionarias de Arancha es su comprensión del trauma desde la perspectiva infantil: «El significado de lo que pasa lo tenemos los adultos más que los niños. Los niños tienen mucha capacidad de resiliencia y muchas veces no entienden bien y no le ponen palabras a lo que ha sucedido».
«Es más fácil que su evolución sea más positiva si los adultos no tocamos y no ponemos palabras aquello que ellos todavía no han puesto». Esta perspectiva desafía la tendencia adulta de «forzar el trauma» y reconoce que «a lo mejor el trauma está dormido en la infancia, se despierta en la adolescencia o en la adultez o nunca».
Los secretos transgeneracionales: cadenas invisibles de silencio
Arancha identifica uno de los factores más destructivos en las familias: «Creo que hay mucho de heredado de generaciones atrás. Son patrones que se van repitiendo, aprendiendo, repitiendo, sosteniendo, callando. El secreto familiar, las lealtades… romper todo eso cuando viene de generación tan atrás que se repite es muy difícil».
«Cuando llega alguien que decide romper con todo eso, el daño colateral es: no es que rompo con que estoy diciendo que han abusado de mí, es que además pierdo a mi familia o me tengo que desvincular de mi familia».
Esta realidad genera un «trabajazo brutal» donde «casi más que todo el impacto del abuso cuando eres adulto» es «el trabajo luego de desvincularte de esa familia» cuando «la familia prefiere seguir con sus patrones y sus lealtades y sus secretos que no acompañar a la otra persona».
La complicidad necesaria del abuso prolongado
Arancha ofrece una perspectiva inquietante sobre la perpetuación del abuso: «Cuando se perpetúa tanto tiempo un abuso sexual de larga duración dentro de un ámbito familiar es porque necesitas colaboradores. Hay colaboradores necesarios allí para que eso se perpetúe durante tanto tiempo».
«No hay nadie en la familia que esté viendo que algo pasa con ese menor. Todos tienen que estar mirando para otro lado para no alarmarse de eso».
Desmontando el mito del agresor: la normalidad como camuflaje
Una de las contribuciones más valiosas de Arancha es la deconstrucción del «estereotipo del agresor»: «Un agresor es externo, un señor en un callejón o un viejo que pasea repartiendo chuches por un parque. Cuesta mucho enfocar esa mirada hacia una persona que está agrediendo dentro de la familia porque no te encaja con esa idea».
«Un abusador es todo lo contrario. Es una persona probablemente que en la mayoría de los casos está superintegrada, puede mantener una conversación, es una persona agradable, pasa muy desapercibido».
Arancha evoca la imagen mediática del «siempre saludaba»: «Claro que siempre saludaba, ¿por qué no? Y claro que puede portarse muy bien con muchas personas y ser una persona amable, graciosa, y no indica que no pueda abusar de un niño».
La dinámica sutil del abuso
«El abuso como tal no es la violencia que nos han enseñado que tiene que ser violencia a nivel social. No es un puñetazo, no es palizas, no es marcas en el cuerpo. Es desde el juego, desde la manipulación, desde la confianza».
«Es un perfil muy bajo a nivel criminológico en el sentido de que no hace ruido. Encaja mucho con un perfil bajo también de persona, no es un perfil agresivo explícitamente».
La ambivalencia emocional: el corazón roto del abuso intrafamiliar
Arancha aborda con excepcional sensibilidad uno de los aspectos más dolorosos del abuso sexual infantil: la ambivalencia emocional. Relata el caso de «un chico con un abuso sexual por parte del padre durante muchos años. Él creció aprendiendo a relacionarse así con su padre y entendía que el amor a un padre era así».
«En las sesiones siempre me decía: ‘Es que yo quiero a mi padre, o sea, quiero que vaya a la cárcel pero lo quiero también y no quiero que vaya a la cárcel.’ Luego también me decía: ‘Me siento culpable porque en muchas ocasiones era yo el que lo buscaba'».
Redefiniendo el amor y la responsabilidad
El trabajo terapéutico implica «deshacer todo eso y rehacer: ¿Qué quiere decir la palabra amor?, ¿Qué quiere decir la palabra querer?, ¿Qué quiere decir la palabra relacionarse de una manera sana?».
«Le decía: es natural que tú lo buscaras también, porque dentro de toda la dinámica había una parte de incomodidad y de traumática, pero también hay una parte de entender el amor de una manera muy distorsionada y en algunas ocasiones incluso de poder hasta llegar a obtener placer de esas relaciones».
El tabú del placer corporal
Arancha aborda uno de los aspectos más complejos del abuso: «El tema del placer es un tema súper duro de trabajar. ¿Qué haces cuando tu cuerpo percibe ese placer?».
«Igual que tenemos esta imagen de agresor, también tenemos esta imagen de agresión súper violenta, terrible, y no entra que puede ser a través de juegos, a través de cariño, a través de caricias que provocan una sensación en el cuerpo».
«Lleva mucha culpa el coger y decir: ‘Claro, pero ¿cómo va a ser una agresión si yo lo he disfrutado?’ o ‘¿cómo va a ser? También era parte de responsabilidad mía porque yo también lo buscaba'».
Arancha utiliza una metáfora brillante: «Si a un niño le gusta mucho el dulce y tú tienes licor de mora o tequila rosa que sabe a petis… por mucho que el niño le encante el dulce y el saborcito rico, eso no significa que le vayas a dar, porque tú eres el adulto que sabe que el alcohol no hace bien a ese niño».
La diferencia crucial: apoyo vs abandono familiar
«¿Qué diferencia marca un entorno familiar que sea apoyante que se apoye a la víctima con uno que no? Marca todo», afirma categóricamente Arancha.
«Ya no solo tienes que trabajar el abuso y todo el impacto que haya podido tener, sino que además ahora tenemos que hacer también un trabajo de que las personas que esperabas que te iban a apoyar no están, te están dejando de lado, están dudando de todo lo que dices y se posicionan con el que te ha hecho daño».
«Eso creo que es casi más doloroso que todo lo demás, por lo menos por lo que yo he ido viendo en la gente que hemos trabajado».
El límite de la tolerancia familiar
«¿Hasta cuándo toleras a una familia?», se pregunta Arancha. «Cada persona sabe dónde está su límite, pero puede ser que decidieras volver a esa familia. Todo se puede entender y todo es respetable».
«El límite está en el momento que tu salud mental o tu salud emocional depende del contexto en el que te estás metiendo. Cuando un lugar te hace daño, sea quien sea quien esté en ese lugar —madre, hermanos, amigos—, lo primero es protegerte tú».
Creando entornos seguros: la prevención como filosofía
Arancha ofrece una perspectiva esperanzadora sobre la creación de entornos seguros: «Muchas veces no vas a poder evitar la violencia. El entorno seguro más enfocado a que si sucede, haya un espacio de comunicación o un espacio donde acoger eso».
«Traumas no les vas a evitar. De lo que hagas, vas a hacer cosas bien que van a estar muy bien y vas a hacer cosas que inconscientemente seguramente van a provocar un daño porque todos llevamos cargas de nuestros padres».
«La misma capacidad que has tenido tú para estar en la vida como adulto la va a tener él. Démosles la oportunidad y la confianza de que van a ser responsables y van a ser capaces de resolver todo aquello que ellos carguen».
Los pilares de la comunicación preventiva
«Generar un entorno de confianza donde no haya temas tabús, donde se pueda hablar de todo, donde el niño sienta una seguridad: ‘Si me pasa algo, yo sé que en mi casa lo puedo contar'».
«Darle el espacio al niño para que viva, para que se caiga, para que sufra si tiene que sufrir, pero que luego sepa que él puede venir a casa y poder decir: ‘Oye, me pasa esto, oye, me están haciendo esto y no me gusta'».
El desafío de hablar de sexualidad sin erotización
Arancha identifica una barrera crucial en la prevención: «Con el tema del abuso sexual, los padres les cuesta un montón. Entiendo que es un tema complicado, que incomoda, que no es agradable para nadie, pero si la gente entendiera lo necesario que es poder naturalizar, poder normalizar el hablar con los niños de esto…».
«Los padres entienden que hablar de eso es hablar de sexo y no tiene nada que ver con eso».
«Hay mucha incomodidad entre confundir la sexualidad de los niños con la erótica de los adultos. Mirándolo desde la mirada adulta nos creamos unos tabús que luego ellos no tienen».
«El niño no tiene conceptos de sexualidad, el niño no entiende de erótica, el niño no sabe ni siquiera… no tiene significado de lo que es un abuso sexual. Lo tenemos nosotros y además muchas veces lo tenemos hasta distorsionado».
Protocolo de actuación ante una revelación
Arancha ofrece pautas concretas para madres, padres y cuidadores:
«Es importante que en el momento que el niño te pueda explicar algo, que no vea que te asustas, que no vea alarma en ti. Intentar mantener la mente fría: ‘Te voy a escuchar hasta donde tú me quieras contar'».
Pautas fundamentales:
- «Es importante que los padres no hagan preguntas si el niño no quiere hablar»
- «No pongas palabras adultas en el relato del niño porque es muy importante porque si hay una denuncia y un proceso judicial, el relato del niño es súper importante que esté preservado con su vocabulario y a su manera»
- «Un padre, si no sabe cómo sostener esa situación, por Dios que pida ayuda»
- «Confía en que el niño, si él no habla del tema, es que no necesita hablar en ese momento»
La importancia de la observación
«Los niños no siempre van a venir y te van a decir: ‘Me quiero sentar contigo a explicarte esto que me ha pasado.’ No va a pasar eso, ni con abuso sexual ni con acoso escolar ni con violencia de ningún tipo».
«Es importante observar. Tú conoces mejor que nadie en el mundo a tu hijo y sabes si hay cambios de comportamiento: si de repente lo ves más triste, más provocador, más revoltoso, se hace pipí en la cama… cambios significativos están diciéndonos cosas».
Herramientas innovadoras: «Un cuento para romper el silencio»
Raíces ha desarrollado un cuento preventivo que Arancha describe: «A nivel ilustración es tal cual se da un abuso sexual, cómo es un proceso y una dinámica de abuso sexual. El libro es una herramienta para el adulto».
«Hemos hecho que no sea ni niño ni niña visiblemente para que cualquiera se pueda identificar. El resumen del cuento es que hay secretos que no se deben de guardar, y el mensaje final para el niño es ese: los secretos que te incomodan es importante que se lo expliques a un adulto».
Proyectos revolucionarios: prevención a través de la innovación
Talleres de gestión emocional
«Hace un par de años abrimos un taller que es como una extraescolar cada martes: grupos de infancia donde trabajamos la gestión emocional, el aprender a detectar aquello que nos molesta, el poner límites».
«No es explícitamente ‘vamos a trabajar el abuso sexual.’ Estamos haciendo otras cosas y de ahí te vamos a dar el mensaje que queremos darte para que tú sepas prevenir».
El éxito ha sido notable: «El año pasado tuvimos nueve niños y este año hay 19».
«En tu lugar»: realidad virtual para la empatía
Uno de los proyectos más innovadores es «En tu lugar»: «Un combo entre psicoeducación para la prevención de microviolencias en jóvenes y realidad virtual».
«Hemos creado unos vídeos donde se dan situaciones de microviolencias entre iguales, relaciones de pareja adolescente, casos de acoso escolar. Los chavales se ponen las gafas, viven la situación desde el agresor y desde la víctima, desde las dos posiciones».
«Es literal ponerte en el lugar del otro», y han trabajado «con casi 6,000 adolescentes» en «institutos, centros de día, CRAEs».
Genco: nuevas masculinidades para romper ciclos
Raíces ha desarrollado «Genco», un proyecto «para trabajar sobre todo con masculinidades y darle a los niños otra referencia de lo que es un hombre, no solo lo que socialmente entendemos».
Este proyecto incluye un podcast con tres secciones:
- Profesionales y casos reales
- Niños que hablan de emociones («el que más éxito está teniendo»)
- Hombres que representan otros tipos de referencia para los niños
La educación preventiva sin miedo
Arancha aborda la educación preventiva sin generar terror: «Hay muchas cosas que acompañan a esa dinámica de abuso que no tienen que ver con lo sexual y que puedes hablar y ayudar mucho en la prevención del niño».
«Si hay algo que te incomoda, dímelo. Si hay cosas que no quieres hacer, que aprendan a identificar aquellas señales de la dinámica que envuelve al abuso que no tienen que ver con lo sexual pero están ahí y son las más potentes para luego poder acceder a lo sexual».
Un mensaje de esperanza transformadora
Arancha cierra con una reflexión que encapsula su filosofía: «Esperanza me da porque disfruto muchísimo de lo que hago, que es vocacional, que me encanta acompañar a familias en situaciones y ver los procesos y ver las mejoras y ver las personas cómo abren conciencia y ven las cosas de otra manera».
«Yo sé que una pequeña pieza no va a cambiar el mundo ni pretendo ni mucho menos, pero dentro de lo que esté en mis posibilidades, yo creo que todos poniendo un poquito de nuestra parte, nuestra parcela, podemos hacer más».
«Creo que me rodeo de gente que tiene la misma mirada que yo, gente con la misma pasión por lo que hace. Tengo mucha esperanza… confío en las personas».
La revolución silenciosa de Raíces
El trabajo de Arantxa Herrador y la Asociación Raíces representa una revolución silenciosa en el abordaje del abuso sexual infantil. Su enfoque sistémico, que reconoce tanto el poder sanador como destructor de la familia, ofrece un camino esperanzador hacia la prevención, detección y reparación del trauma.
Su mensaje es claro: la prevención efectiva no surge del miedo, sino del amor, la comunicación abierta y la confianza en la capacidad de resiliencia inherente de cada ser humano. En un mundo donde uno de cada cinco niños sufre algún tipo de violencia sexual, el trabajo de Raíces se convierte en semilla de esperanza para construir familias y comunidades más seguras y conscientes.
Si crees que podemos ayudarte o tienes alguna duda, llámanos al ☎ +34 681 87 62 46 , envíanos un correo a info@angelblau.com, o escríbenos en el formulario de contacto que encontrarás en https://angelblau.com/contacto/
Amb el suport de



