Quiero transmitir mi testimonio personal sobre lo que para mí ha supuesto el paso por Àngel Blau. El antes y el después, el durante, el impacto, la transformación….
Contacté por primera vez, sin saber muy bien a qué me enfrentaba, pero con el convencimiento de que algo tenía que hacer. Como pedófilo, estoy convencido de que “romper el silencio” es uno de los momentos más difíciles, sino el que más, pero llega un momento que no queda otra que afrontarlo, si es que se quieren cambiar las cosas. En mi caso fueron más de 25 años de silencio.
Así que los días previos y las primeras sesiones no fueron fáciles: miedos, nervios, dudas, vergüenza, etc. La incertidumbre es total, me sentía perdido y como si me hubiera lanzado al vacío sin paracaídas. Por eso, creo que la acogida es otro de los momentos cruciales para las personas de Àngel Blau. Es necesario un delicado equilibrio: tender la mano, no asustar, proponer un camino, no crear falsas expectativas ni presionar en exceso… Conmigo lo hicieron a la perfección.
Insisto en esto, porque estaba tan lleno de miedos y de dudas que cualquier palabra fuera de lugar, cualquier silencio inesperado, podría haber sido fácilmente la excusa que buscaba para echarme atrás.
Empieza el proceso, en el que voy trabajando una serie de temas de la mano de mi referente y psicóloga en la asociación. Poco a poco, la confianza en el proceso va ganando terreno a la incertidumbre y un brote de ilusión por el resultado empieza a crecer. Sin ser todavía muy consciente, existe la sensación de que algo se está empezando a mover.
Entre sesión y sesión, un par de ideas, reflexiones o mensajes resuenan más que otras, y a su vez dan paso a cuestiones nuevas que no puedo esperar a comentar en la siguiente sesión. Trato de tomarme en serio los deberes que me proponen. No son ni demasiado fáciles ni demasiado difíciles. Son llevaderos, en su mayoría.
Van saliendo puntos importantes: ansiedad, culpa, estigma, Consentimiento, autoaceptación, dolor… No todos quedan totalmente resueltos de inmediato. Algunos son de cocción lenta.
En mi caso, la autoaceptación sigue a medio camino dos años después.
Pasan unos meses, y tras participar en el GAP, llega al momento de enfrentarme a mi primer Grupo De Palabras. Del primer grupo me quedó un aprendizaje de carácter más “técnico”, y la sorprendente y novedosa sensación de no sentirme empequeñecido ante un
grupo de personas como de costumbre, ya que el resto de participantes se encontraban en una situación similar o peor que la mía.
Y por fin, asisto de forma presencial a mi primer Grupo de Palabas que, aunque cada uno de los pasos dados previamente eran totalmente necesarios, para mí resultó ser el momento más transformador y de mayor impacto en todo este proceso.
Para mí fue un antes y un después, una revolución, algo cambió radicalmente. Fue tomar consciencia definitiva. Sobre todo, fue tomar consciencia sobre las víctimas y su dolor: en mi mente fue como si pasasen de ser personajes de un cómic en blanco y negro y en dos
dimensiones, a tener tres dimensiones, a moverse, a tener voz, pensamientos, y sobre todo, a sentir dolor.
Poco tiempo después, terminó mi proceso con Àngel Blau como tal, aunque sigo asistiendo a los Grupos de palabras online y me gustaría volver a participar algún día en un GAP.
A lo largo de mi paso por Àngel Blau, mi vida ha cambiado en tantos aspectos, que sería difícil reflejarlo aquí. La pedofilia y la ansiedad no han desaparecido del todo. Nunca lo harán, pero ahora las puedo gestionar, ya no son un problema y, sobre todo, ya no me da miedo hacer daño a nadie. Ojalá me hubiera encontrado con Àngel Blau mucho antes, pero no hubiera tenido sentido de no haber estado preparado para ello.
Como cierre a este testimonio, quiero dar fe y poner negro sobre blanco, que cada vez que Àngel Blau logra que un pedófilo no se convierta en pederasta, o que un pederasta no reincida, pone a más niños y niñas a salvo. Y no se me ocurre una misión más noble que esta.


