El abuso sexual infantil es, quizás, uno de los tabúes más persistentes de nuestra sociedad. Sin embargo, cuando hablamos de él, solemos reducirlo a un acto físico y genital. Pero, ¿qué pasaría si entendiéramos que la violencia sexual comienza mucho antes de que el niño tenga conciencia de sus genitales?
En un reciente taller organizado por la entidad Angel Blau, el Dr. Xavier Serrano Hortelano —psicólogo clínico y director de la Escuela Española de Psicoterapia Reichiana— propuso una mirada revolucionaria y necesaria sobre las repercusiones somáticas (físicas) de las heridas sexuales de la infancia.
Aquí resumimos las claves de este cambio de paradigma.
1. La sexualidad no es solo genitalidad
Para el Dr. Serrano, la sexualidad es la capacidad de sentir placer y bienestar de forma consciente, y esto comienza desde el primer segundo de vida.
- Un bebé experimenta el mundo a través de su piel, su boca y sus sentidos.
- Si un bebé es desatendido, se le maneja con brusquedad o se ignora su llanto sistemáticamente, está sufriendo una forma de violencia sexual primaria.
La clave: El abuso no solo es un «acto», es una interferencia en el desarrollo natural del «mamífero humano». Cuando el entorno es tóxico o agresivo, el niño desconecta de su raíz instintiva para sobrevivir.
2. El mapa del trauma según la edad
El impacto de una agresión no es el mismo a los 2 años que a los 10. Serrano utiliza la ontogénesis (el desarrollo del individuo) para explicarlo:
- De 0 a 3 años: El trauma se graba en la piel y los sentidos. El cuerpo se contrae y genera una «coraza» de miedo que puede durar toda la vida.
- De 3 a 7 años: Es la etapa más crítica. El niño empieza a descubrir sus genitales con «energía limpia». Si un adulto interviene con una carga sexualizada, el impacto es como una explosión radiactiva en el sistema nervioso del menor.
- A partir de los 7 años: El trauma es más relacional. Se juega con la sumisión, el poder y, sobre todo, el silencio.
3. El cuerpo tiene memoria: El síntoma somático
Uno de los puntos más reveladores del taller fue la conexión entre el abuso pasado y las enfermedades actuales. El cuerpo no olvida el dolor que la mente decide callar (amnesia del trauma).
«Muchas personas llegan a consulta por dolores crónicos, diverticulitis o problemas neurodegenerativos sin saber que su origen es una contracción neurovegetativa producida por violencia sexual en la infancia».
El testimonio de los participantes subrayó esta realidad: problemas digestivos o de espalda que son, en realidad, el grito de un cuerpo que fue invadido hace décadas.
4. La "Segunda Herida": El silencio de la familia
El Dr. Serrano fue tajante: el silencio del entorno es, a menudo, tan dañino como el abuso mismo. Cuando un niño intenta expresar que algo va mal y la familia calla, justifica al abusador o quita importancia al relato, se produce la «segunda herida». Esta traición del sistema de apoyo destruye la esperanza del niño y lo convierte en un adulto sumiso, con sentimientos de culpa y vergüenza que «oxidan» su interior.
5. Hacia una prevención real
¿Cómo podemos cambiar esto? La prevención no es solo jurídica; es cultural.
- Respetar los ritmos: Permitir que el niño explore su cuerpo y su placer sin juicios ni castraciones prematuras.
- Escucha activa: Validar siempre el relato del niño. El apoyo del entorno puede neutralizar el impacto del trauma.
- Revisión adulta: Como adultos, debemos reconocer nuestras propias represiones para no transmitirlas de forma «analógica» (inconsciente) a los más pequeños.
Conclusión
El camino hacia la sanación pasa por recuperar la capacidad de placer. Entender que el abuso sexual es una forma de violencia contra la vida misma nos permite dejar de poner parches y empezar a cuidar la raíz: el vínculo, el respeto y la escucha.
¿Quieres profundizar más? El Dr. Serrano recomienda lecturas fundamentales como El sentido del tacto de Ashley Montagu o La función del orgasmo de Wilhelm Reich para entender cómo nuestra biología y nuestras emociones están indisolublemente unidas.
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