EDUARD SANJUAN (locutor): Buenas noches; desde hace años, la actualidad nos trae noticias dramáticas sobre el abuso de menores. Sabemos qué es lo que les espera a los autores de este delito tan monstruoso; siempre, eso sí, que su agresión no haya prescrito legalmente. ¿Pero podemos ir más allá de esta invariable dinámica de acción/represión? Pedofilia, pederastia, son conceptos que a menudo confundimos. La pedofilia conlleva la atracción de un adulto hacia un menor. La pederastia va mucho más allá: incluye el abuso sexual y, por tanto, el delito. ¿Pero hay políticas de prevención? ¿Es posible controlar el impulso pedófilo para evitar la agresión, el abuso de menores? En Francia y en Alemania hay experiencias positivas que ahora veremos. ¿Y aquí? Nuestro reportaje se centra, sin embargo, en la fuerza de los testimonios en primera persona, realmente aterradores. Una inmersión en una angustiosa realidad para poder saber más. Para disponer de herramientas para actuar eficazmente.
DANIEL: Yo soy un pedófilo que descubrí cuando tenía más o menos unos 14 años que me atraían sexualmente los niños prepúberes; mi atracción pedofílica es de carácter homosexual y, bueno, pues, me atraen los niños a partir de los 8 años aproximadamente.
NARRADORA: Daniel es pedófilo y ha accedido a contarnos sus vivencias pero sólo por vía telefónica por temor a que alguien lo reconozca. Ronda los 40 años, tiene estudios universitarios y un trabajo de una cualificación muy alta, y no ha abusado nunca de ningún niño.
DANIEL: Cuando uno descubre esto pues es complicado, ¿no? Son sentimientos muy confusos y entonces yo, básicamente, pues lo que hice pues es lo que hace la mayoría de la gente, que es nada. No contárselo a nadie. Básicamente, retraerme, ¿no?, de todo mi entorno y fingir que todo era normal. Ser pedófilo sólo tiene un síntoma, que es que a mí me atraen los niños en vez de los adultos, pero nada más. O sea, no me impide saber distinguir el bien del mal, no me impide tener una escala de valores, no me impide controlar mis acciones. Para mí, abusar sexualmente de un niño es algo tan malo como matar a una persona y, por tanto, no tengo ninguna intención de hacerlo, porque no quiero hacerle daño a nadie.
Me atraen los niños
ELISABETH (víctima): La primera vez que mi padre me violó, tenía unos diez años, que yo recuerde. Más adelante supe que seguramente tenía cinco. Y eso se fue repitiendo de una a dos veces por semana casi hasta los 17 años. Mi padre me penetraba, me obligaba a hacer todo lo que me pedía. Era absolutamente completo y era absolutamente doloroso, pero reconozco que yo lo seguía amando, en mi padre, era la persona que tenía que proteger, era… y eso me confundió muchísimo. Me comentó que aquello era un secreto. ¿Qué quería decir, que era un secreto? Eso quería… implicaba no poder explicarle a mi madre, implicaba que… ¿Por qué? Por qué, si era algo que no estaba mal hecho, ¿por qué tenía que ser un secreto? Detrás había amenazas también. «Si lo dices vas a destrozar tu familia, si lo dices romperás la relación, si lo dices acabarás sola». Era una niña, difícil de saber en aquella edad que era correcto o no. Mi familia era la típica burguesa. Hacia fuera éramos una familia ejemplar, aunque es cierto que mi padre siempre ha tenido ideas muy innovadoras. Formaba parte de esa generación de los años 70 en los que la libertad sexual se veía como algo moderno y tú te podías enamorar de cualquier persona con cualquier edad. El amor es libre en todos los sentidos. De repente tenía que ser la pareja de una persona adulta. Y eso me creaba una ansiedad brutal. ¿Quién es realmente la hija? ¿Quién es realmente la mujer? ¿Quién es realmente el padre? ¿Quién es el amante? Todo se lía; o sea, automáticamente las seguridades que necesita un niño, que es las figuras paternales tenerlas bien dibujadas, se desdibujan. Yo quizás no quería un padre que me quisiera tanto, tal vez quería un padre que me quisiera normal, como cualquier otra niña.
NARRADORA: Pedofilia, pederastia, agresiones sexuales… Son conceptos que a menudo confundimos. La pedofilia es la atracción que siente un adulto hacia niños o niñas menores; la pederastia implica ir mucho más allá, porque conlleva un abuso o agresión sexual. La pedofilia, por sí sola, no es delito; la pederastia, sí.
JENS WERNER (Instituto Medicina Sexual de Berlín): No todos los pedófilos cometen abusos y no todos los abusadores son necesariamente pedófilos. Según los estudios disponibles, podemos afirmar que aproximadamente el 40% de los abusadores de menores tienen inclinaciones pedófilas, mientras que el 60% restante cometen el abuso no porque tengan estas inclinaciones sino como una acción sustitutoria. Es decir, son gente que se sienten atraídos por adultos, pero que en cambio abusan de menores por trastornos, como por ejemplo el de personalidad u otros. No se atreven con los adultos y entonces se deciden por los menores.
NARRADORA: Este es un terreno todavía muy poco investigado. Pero los estudios que se han hecho dicen que 1% de la población masculina encaja en los criterios diagnósticos de la pedofilia. En el caso de las mujeres, esta parafilia es casi inexistente.
JENS WERNER: Sobre las causas de la pedofilia, no se sabe nada con exactitud. Es decir, que las investigaciones no han conducido hasta ahora a nada concreto. Lo único que sabemos es que probablemente se trata de una interacción de factores psicológicos, biológicos y sociales.
DANIEL: La pedofilia es una atracción que se descubre, no se elige. Nadie elige ser pedófilo, sino que uno pues simplemente es así y tiene que aprender a vivir con ello, y cuanto más ayuda tenga para aprender a vivir con ello sin hacer daño a nadie, es mejor, tanto para ellos como para los niños.
NARRADORA: Hay pedófilos que sienten atracción tanto por menores como por adultos. En el caso de Daniel, él sólo se siente atraído por niños prepúberes. Es pues un pedófilo exclusivo. A pesar de ello está casado desde hace muchos años y tiene hijos.
DANIEL: Mi mujer sabe que soy pedófilo desde hace aproximadamente dos años. Y pues fue algo obviamente duro para ella, pero en el fondo ella me conoce y sabe que yo jamás le haría daño a nadie, y, bueno, pues ella, sobre todo, lo que siente es que yo haya pasado prácticamente toda mi vida sin poder contarle a nadie mi problema y ahora ella me apoya y me quiere sabiendo esto de mí. Mi mujer me atrae más allá del plano físico, me atrae como persona, ¿no? Estoy enamorado de ella y, por tanto, para mí, el sexo con mi mujer va mucho más allá de una pura acción sexual basada en atractivo físico. Entonces, bueno, por esa razón yo puedo tener relaciones con mi mujer pero de forma natural, digamos, no me atraen las mujeres. Yo tengo hijos que están en las edades en las que yo me siento atraído hacia los niños y… Bueno, pero son mis hijos. Es decir, que… yo nunca he tenido sentimientos de carácter sexual hacia ellos, ¿no? Sentirte atraído hacia un niño prepúber, pues es igual que sentirte atraído hacia una mujer adulta o a un hombre adulto. Yo puedo ir por la calle y veo niños… y esos niños me parecerán atractivos igual que pues un hombre pueda apreciar que se le cruce por la calle una chica atractiva y ya está. ¿Es un impulso irrefrenable para no abusar sexualmente de un niño? No, para nada.
ELISABETH: A veces admito de haber dicho: Vamos, ya, abusa de mí, haz con mi cuerpo lo que te dé la gana, terminemos con esto. Y así sabía que tenía dos o tres días de margen para estar tranquila hasta la siguiente vez. Soy yo la primera que siempre me he castigado, el porqué no había dicho que no. «¿Por qué no fui valiente? Debería haber luchado, debería haberme encarado». Es con el trabajos de los años que, cuando intentas investigar la realidad, te das cuenta de que los niños no tienen por qué defenderse. A los niños les tenemos que defender. A los niños lo que no se les debe hacer es maltratarlos. En mi caso, lo que me rodeó me enseñó a ser una persona indefensa y sumisa y aceptar lo inaceptable. Yo era una herramienta, no era una persona, no era un ser humano. Mi opinión, mi dolor, mi inquietud… no importaba, no importaba absolutamente nada… Yo era un objeto. Con la adolescencia, empecé a encontrar herramientas que me permitían tener control de pequeñas parcelas de mi vida. Una era automutilarme, cortarme, por ejemplo, ¿no? Coger pues un cúter y el hecho de ver que la vida, que mi vida estaba en mis manos, me calmaba mucho, muchísimo. El día que fui capaz de decirle que no quería que me volviera a tocar nunca más porque me sentía valiente para ir a vivir sola, desvincularme de la familia, su respuesta fue tan sencilla como: «Te quiero tanto que respetaré absolutamente cualquier decisión que tomes.» Claro, esta respuesta me hizo sentir aún más confundida. Esto quiere decir que, me ha pasado hasta el día de hoy, ¿por qué no has lo suficiente valiente para decir basta? Me hizo sentir aún más cobarde y todavía me hizo bajar más mi autoestima. El caso es que al menos dejé de sufrir abusos sexuales.
NARRADORA: El abanico de lo que se considera un abuso o agresión sexual va desde el exhibicionismo hasta los tocamientos o la violación. Siguiendo este criterio, se estima que una de cuatro niñas y uno de cada ocho niños sufrirá algún tipo de abuso antes de los 17 años. Lo más habitual es que el autor sea algún familiar o pertenezca al entorno de confianza del menor. ¿Pero se puede hacer algo para evitar que los potenciales abusadores lleven a cabo su delito?
ANUNCIO 1 (alemán): [Varios hombres] Hace tiempo que noté que soy diferente. Ya se sabe qué es lo que se piensa de las personas como yo. Enfermos, perversos, escoria. Yo también lo pensaba aunque no he consumado nunca mis fantasías. A través de la terapia he aprendido que nadie tiene la culpa de su inclinación sexual pero que todo el mundo es responsable de su comportamiento. No me quiero convertir en un abusador. [Una mujer] La terapia preventiva evita el abuso sexual de menores: www.novullserunabusador.de.
NARRADORA: En la Clínica Universitaria de la Charité de Berlín, hace 12 años comenzó un proyecto innovador para la prevención de los abusos que ofrece terapia a los pedófilos.
JENS WERNER: Curar la pedofilia no es posible. No la podemos solucionar con ninguna terapia, no la podemos eliminar con procedimientos terapéuticos. Sólo podemos ayudar a los pacientes a controlarla y a enfrentarse a ella eficazmente. Los podemos ayudar a aprender a manejarla de manera que no cometan ningún abuso sexual y que no consuman pornografía infantil.
NARRADORA: El proyecto está financiado por el Ministerio Federal de Justicia y cuenta con el apoyo de casi todos los partidos políticos alemanes. Los promotores no han dudado en anunciarlo por la televisión.
ANUNCIO 2 (alemán): Te gustan los niños más de la cuenta? Te podemos ayudar.
NARRADORA: La terapia del programa «No quiero ser un abusador» es totalmente gratuita. Se admiten pedófilos a partir de los 18 años y se les garantiza confidencialidad absoluta. Si han cometido un abuso o agresión en el pasado no se les denunciará: un aspecto clave para entender su éxito. Durante el tratamiento se hacen terapias individuales, pero sobre todo se trabaja en grupo.
CLASS DE BOER (psicoterapeuta del programa «No quiero ser un abusador»): Gracias al intercambio de experiencias, se dan cuenta de que no están solos, de que no son monstruos absolutamente depravados, sino que también hay otras personas que son como ellos. Muchos lo viven como un gran alivio.
NARRADORA: Buena parte de los participantes en las terapias se declaran pedófilos abstinentes; lo que quiere decir que no han abusado nunca de ningún menor. Sin embargo, el 70% reconocen que han consumido pornografía infantil.
CLASS DE BOER: Muchos participantes se dicen a sí mismos: «Esto no es tan malo, no estoy tocando a ningún menor, sólo estoy mirando imágenes.» Lo que, como es natural, es minimizar la cuestión de manera clara, porque, a la postre, consumir pornografía infantil constituye un delito igual de grave que cometer abusos sexuales. Y eso es así porque, para producir pornografía infantil, se tienen que cometer abusos a menores.
NARRADORA: Hasta hoy en día, el proyecto «No quiero ser un abusador» ha recibido más de 7.000 solicitudes de admisión pero sólo ha podido atender 500 pacientes. La enorme demanda para participar en esta terapia preventiva ha hecho que el programa se haya extendido en los últimos años a 10 ciudades más de Alemania.
CLASS DE BOER: Nuestra experiencia aquí, en Hannover, nos muestra que hemos logrado reducir claramente el uso de pornografía infantil. Muchos pacientes consiguen prescindir de ella completamente. Y en cuanto a las agresiones sexuales, mi experiencia es que, durante la terapia, no hay habido ninguna nueva.
NARRADORA: En Cataluña no hay ningún programa de prevención similar al alemán. Aquí este tipo de tratamientos sólo se hacen en los centros penitenciarios, cuando ya hay víctimas, y se dirigen a los delincuentes sexuales en general.
ALBERT (condenado por abuso sexual a menores): «[Leyendo] Nunca quise entender que tú no querías. Pensé, bueno, distorsionando, que tú querías probar y que te gustaba. No te culpes por no haberme dicho no: yo soy el único culpable de haber abusado de ti, de tu confianza y de la de tus padres. Yo soy el único responsable.» Estoy aquí desde hace dos años y medio porque cometí un abuso sexual a un menor de 15 años. Yo soy gay y había este chico que era muy agradable, muy simpático, pero es que lo era con todos, ¿no? Y lo distorsioné de tal forma que aquellas miradas, esa sonrisa, pues como si yo le gustara al chaval, ¿vale? Y yo entendía que le apetecía ver si… si era gay o no.
NARRADORA: Albert cumple una condena de 4 años en el Centro Penitenciario de Quatre Camins. Desde hace unos meses, participa voluntariamente en el programa SAC de control de las agresiones sexuales que se hace en esta prisión.
ALBERT: El programa es duro porque tienes que reconocer realmente algo que tú has hecho. Y gracias al programa, te das cuenta de ello, «que ni él quería ni ella quería», ¿vale? Sino que eras tú quien lo organizabas todo, lo manipulabas todo, para llegar a hacer tu delito a tu placer. No te decía que no porque había un punto de dominación que tú tenías, que es la mayoría de los abusos que es eso: que dominas y no se quejan o no dicen nada porque los tienes dominados. Lo que hemos aprendido es que, realmente, hay muchas víctimas: que no sólo es él, sino sus familiares, mis familiares también, todos los amigos míos, los suyos. Quiero decir, involucras a mucha gente en un hecho.
NARRADORA: ¿Y tú estás seguro a estas alturas que no volverás a repetir un abuso?
ALBERT: La seguridad no es al 100%, ¿vale? Lo que pasa es que he aprendido muchas medidas para que no vuelva, no vuelva a pasar. Aquí lo llamamos factores de riesgo. Por ejemplo, pues no pasar cerca de un colegio. En el momento que tú veas una… unas ganas, una excitación hacia una situación, pues, eh, cambiar, hacer un corte, ¿no? Decir, ¡ostras!, me pasa esto, reconocerlo y cambiar y tomar medidas.
NARRADORA: Además de las terapias psicológicas, también hay tratamientos farmacológicos que ayudan a reducir la respuesta sexual de este tipo de delincuentes. Son medicamentos de aplicación voluntaria pero que pueden tener importantes efectos secundarios y que no son, ni mucho menos, la panacea.
CARLOS SOLER (subdirector Rehabilitación Prisiones): Ni la castración química –como se suele decir– ni la castración física serían la solución a este tipo de delitos porque, lo que tenemos que entender es que una gran mayoría de los casos, más que únicamente por la sexualidad, las agresiones están motivadas por la necesidad de tener relación… una relación íntima con otra persona, la necesidad de sentirse poderoso, la necesidad de sentirse reconocido y valorado por otra persona como respuesta a la frustración y a la rabia en muchos casos. Por tanto, si eliminamos la sexualidad sólo eliminaríamos una parte del problema.
NARRADORA: Hoy Albert y un grupo de agresores sexuales que participan en el programa SAC reciben la visita de una psicóloga de la Fundación Vicki Bernadet, una entidad especializada en el abuso sexual infantil. En esta sesión se trabajará la empatía del agresor hacia la víctima.
PSICÓLOGA: Yo soy tu víctima y te pregunto: «¿Por qué a mí?».
AGRESOR 1: Me hacías… vibrar.
PSICÓLOGA: Vale… me hacías vibrar.
AGRESOR 2: Tu forma de ser… tu simpatía…
PSICÓLOGA: Vale, porque fui simpática.
AGRESOR 3: Porque fuiste simpática, por guapa…
AGRESOR 4: Porque fuiste cariñosa.
PSICÓLOGA:¡Guau! Nunca más voy a poder ser cariñosa. Nunca más voy a poder ser simpática.
AGRESOR 5: Porque eras fácil.
PSICÓLOGA: Porque soy fácil
AGRESOR 4: Te vi muy espabilada.
PSICÓLOGA: ¿Para mi edad?
AGRESOR 4: Sí.
PSICÓLOGA: ¿Parecía más madura?
AGRESOR 4: Sí.
PSICÓLOGA: ¡Ostras! Qué Riesgo. Porque yo era una niña.
AGRESOR 4: Ya, pero yo no lo veía así.
PSICÓLOGA: Y la siguiente pregunta importante es: «¿Por qué lo hicistes?»
AGRESOR 1: Había hecho ya tantas cosas en mí vida que… plam, se me encendió la bombilla, y… y ahí me tiré.
AGRESOR 2: Porque la quería.
PSICÓLOGA: ¿Y qué es amor?
Agresor 2: Es… Yo la quería…
PSICÓLOGA: Seguro, no lo dudo, pero pregunto yo: ¿qué es amor?
Agresor 2: Ehm… No hacer daño.
PSICÓLOGA: Vale, ese es el punto de partida.
ELISABETH: Un niño quiere recibir ternura, no sexo, y son dos temas sumamente diferentes. Un niño necesita ser abrazado, acariciado, pero no necesita nada más que eso. Todo lo que sea traspasar esta barrera, es abusar de él.
NARRADORA: Elisabeth no contó a nadie las agresiones sexuales de la infancia hasta que no tuvo 30 años. Este silencio no la ayudó en absoluto a superar sus secuelas.
ELISABETH: Ya de adulta, cuando he querido mantener relaciones sexuales consentidas, una de las secuelas que a mí me ha quedado, y me consta que nos queda a bastantes abusados, es que detrás hay algo sucio. Y en mi caso, para poder limpiarme, para poder no sentirme sucia, automáticamente después de mantener relaciones sexuales tenía que vomitar. Empecé a hacer terapia en serio, de verdad, pensando que esto lo tenía que arreglar sí o sí cuando quise tener mi primer hijo. Me quedaba embarazada, abortaba, volvía a quedarme embarazada, de forma natural volvía a abortar… Y tuve claro que se debía al miedo que tenía. Mi cuerpo no quería tener ningún hijo dentro de mí. Era como si volviera al pasado y recordara que me podía quedar embarazada. Quedarme embarazada de mi padre me daba un miedo estrepitoso. Por tanto, mi cuerpo seguía teniendo ese miedo. Hasta que no hice terapia, no lo pude frenar. La terapia básicamente consistió en algo muy sencillo, que era decir lo que me había pasado, abrir la caja de Pandora. Dejar que el secreto dejara de ser secreto. Y fue así. Me alivió y, al cabo de un mes, me quedé embarazada y tuve mi primer hijo.
JOSÉ: Eso es duro. Te quita muchas cosas la prisión, pero por culpa de uno mismo, por no haber pensado las cosas en su tiempo. Es duro.
NARRADORA: José está a punto de terminar la condena a prisión de 20 años por agredir sexualmente a dos menores. Estuvo casi 17 años sin salir a la calle de permiso. Ahora está en régimen abierto y sólo va al centro penitenciario a dormir.
JOSÉ: Perdí dos hermanos, que dejaron de hablarme. Mi madre, que falleció… Amigos, no tengo ninguno. Y, bueno, cuando salí todo era nuevo para mí, iba por la calle y miraba a la gente porque tenía la sensación de que me observaban… Iba inseguro.
NARRADORA: Durante un año y medio, un grupo de cinco voluntarios, supervisados por un profesional, se ha ido encontrando de forma periódica con José para ayudarlo al proceso de adaptación a la vida en semilibertad. Son participantes del programa Círculos, subvencionado por el Departamento de Justicia.
JOSÉ: Qué me llevó a hacerlo, no lo sé, no lo sé. La ignorancia, la desesperación… También tuve una niñez muy mala y mi padrastro abusó de mí. Todo influye, todo influye…
LÍDIA (colaboradora 1): Lo importante es aprender del pasado y tener el presente y mirar hacia el futuro intentando no cometer los mismos errores.
COLABORADORA 2: Claro, eso tú ya lo sabes, ¿no? Que si pasa cualquier cosa, o necesitas hablar o así, que nos puedes llamar.
NARRADORA: La idea es construir un círculo de personas en torno al recluso en semilibertad que le ofrezca tanto apoyo emocional como ayuda en las gestiones más habituales del día a día. De paso se hace un seguimiento en los progresos y las dificultades en el proceso de integración social.
LÍDIA: Aunque la víctima no esté presente, nosotros siempre la tenemos en mente, porque se trata de eso, de evitar que haya más víctimas y que no, que no se repita la situación.
CARLOS SOLER: El sentimiento de soledad, el sentimiento de sentirse rechazado, el sentimiento de que no hay esperanza es una de las principales situaciones de riesgo en las que se puede encontrar alguien que ha cometido este tipo de delitos y que vuelve a salir en libertad. Por eso es muy importante evitar el aislamiento social y que no viva con desesperanza su vida, que es una de las cosas que pueden llevar a una nueva comisión de delitos.
NARRADORA: Las cifras lo certifican: los delincuentes sexuales que han seguido este tipo de programas reducen en casi un 80% la probabilidad de reincidencia.
JOSÉ: Pero que doy gracias a Dios, también se lo digo, ¿eh? Por haberme denunciado. Porque a lo mejor, si no denuncian, ¿quién dice que no hubiesen habido otros críos? Y pienso: «¿Y si un desgraciado como tú le hiciera algo a tus nietos? ¿Qué harías?»
NARRADORA: Los abusos a menores existen de toda la vida. Pero, si hay un fenómeno que en la época actual crece de manera exponencial, es el acoso de menores a través de Internet. Es lo que se conoce como «grooming», y se está convirtiendo en un problema fuera de control. En la Unidad de Delitos Informáticos de los Mossos d’Esquadra, lo saben muy bien.
POLICÍA 1: Tenemos una generación que vive en Internet. Entonces, ¿es peligroso? ¡Por supuesto! Los menores lo que hacen es reproducir los patrones de los mayores en el entorno digital. Entonces tú ves una niña de 12 años que hace lo mismo que su hermana de 15, que es posar en el Instagram… hacerse fotos sexy, guapa… En busca de «likes», de que la gente la reconozca. Y nosotros hemos encontrado material de niños de 9, 10, 11 años con contenido sexual.
NARRADORA: El objetivo del ciberacosador es conseguir imágenes eróticas del menor. Ya sea para consumo propio, para poderlas intercambiar o incluso para venderlas. Para poder contactar más fácilmente con las víctimas, el acosador a menudo se hace pasar por un menor.
JORDI DOMÈNECH (Comisario de Investigación Criminal): Y a lo mejor detrás, lo que hay es un adulto; un adulto que lo que hará es embaucar, hablar con él, convencerle para que se desnude, para que haga alguna masturbación delante de la cámara y con ello ya tiene imágenes suficientes como para luego producir lo que es la extorsión de este menor. «A partir de ahora, o me das más o tu familia, tus amistades, tendrán estas imágenes y verán lo que eres.»
NARRADORA: Algunos de los ciberacosadores pueden llegar a ser muy meticulosos cuando se trata de buscar sus presas. Hace unos años, los Mossos d’Esquadra detuvieron a un hombre, condenado después a 10 años de prisión, que guardaba en el ordenador todas las conversaciones mantenidas con las 61 niñas a quien había estado acosando. El hombre, que tenía cerca de 50 años, adoptaba diferentes identidades según cuál fuera la víctima. En algunos casos, como éste, se hacía pasar por una chica que trabajaba para una agencia de modelos.
CITA CONVERSACIÓN:
–Te decía que si de verdad estás interesada en esto del modelaje y otras posibilidades en el mundo artístico o televisivo, ¿o no? […] Piensa antes de contestar.
–SÍÍ […] Hace mucho que quiero ser modelo.
–Si de verdad quieres subir y ser alguien y tener buenísimos trabajos, tómate esto en serio de verdad […]. ¿TIENES ALGO QUE DECIRME?
–Que quiero seguir con esto.
–¿Con qué?
–Pues con lo que me estás enseñando.
–[…] Vas a hacerte entre 10 o 15 fotos ahora, ¿vale? Como te diga y sin cortarte para nada, ¿ok?
–OK.
–Todas desnudas, ¿ok? […] Que pueda verte bien la entrada vaginal, a ver cómo está. […] SÉ ATREVIDA Y DESCARADA.
–OK.
–EMPIEZA YA A HACER LAS COSAS SIN REMORDIMIENTOS Y CON VALOR.
–OK.
PEDÓFILO 1 (llamada en francés): Me siento como un monstruo, sucio, no me siento como los demás. Hay dos personas en mí: una que siente asco por lo que soy y la otra que tiene esta atracción y al que le gusta todo esto.
LATIFA BENARI: Sí, pero espera, déjame decirte que sólo a ti corresponde saber a qué categoría perteneces.
NARRADORA: Latifa Benari recibe cada día varias llamadas como esta. Hace 18 años, esta francesa de origen argelino fundó cerca de París «el Ángel Azul», una asociación de ayuda a pedófilos, agresores sexuales y también en víctimas. Latifa sabe de qué habla: ella misma sufrió continuados abusos sexuales con violencia cuando era pequeña.
MUJER (teléfono): Acepté verlo para decirle todo lo que tenía pendiente.
LATIFA BENARI: ¡Ah, bravo!
MUJER: Pero no lo reconoció, no reconoció los hechos y después ya no volví a hablarle.
LATIFA BENARI: ¡Pero eso da igual! Lo importante es que… Mira: has sacado todo el veneno. Y eso es lo importante, te has liberado, y eso es realmente formidable.
NARRADORA: Desde casa y sin ninguna subvención, Latifa Benari dedica su vida a esta causa. En su despacho se le acumulan cartas y correos de pedófilos de todo el mundo que le piden auxilio. Según ella, la sociedad debería ser más valiente y ayudarles antes de que sea demasiado tarde.
LATIFA BENARI: Yo creo que un pedófilo o un delincuente sexual que se siente atraído por los niños, si se le supervisa y se le ayuda, es menos peligroso que si se le deja abandonado y se le trata como a un animal. Ahora bien, que nadie piense que yo vivo dentro de la complacencia generalizada. Muchas veces he escrito a la justicia para señalar a alguien que es peligroso.
NARRADORA: Pero el método de Latifa Benari aún va más allá. Una vez al mes, junta en una misma mesa a un grupo de pedófilos y de víctimas, previamente seleccionados y sin ninguna relación directa entre sí, para que puedan hablar. Los llama «grupos de palabra».
ISABELLE (víctima): Yo en la primera reunión estaba al lado de un hombre que había pasado a la acción. ¡Se me pusieron los pelos de punta! Pero a la vez lo escuché. Y entendí algo.
FRED (pedófilo): Estás cara a cara con gente que lo ha vivido, y eso me ha permitido comprender la problemática en toda su profundidad. No, las relaciones sexuales con menores no están bien, porque aquí puedes comprobar que provocan muchos daños.
ISABELLE: Yo necesitaba comprender lo que me había pasado, y he entendido un poco al personaje, a mi abusador. He entendido que era un manipulador, que era alguien que realmente tenía un problema, y entonces me he desculpabilizado. ¿Perdonarlo? No.
NARRADORA: Fred, de 27 años y licenciado en literatura, es un pedófilo abstinente asiduo a estas reuniones. Cuando era adolescentes, descubrió con horror que además de sentirse atraído por las chicas de su edad también le gustaban las niñas pequeñas. Llegó a pensar en el suicidio.
FRED: Yo tenía esta imagen del pedófilo. Como la de un monstruo, un violador, un asesino, un distorsionador, un manipulador. Y de golpe me imaginé que estaba destinado a convertirme en eso. Cuando estaba delante de crías siempre tenía ese miedo. Estaba todo el tiempo alejándome de ellas. Me quedaba en un rincón. Y sí, me aislé de los niños. Yo no soy ni he sido peligroso para ellos. Pero, en cambio, tenía ese miedo. Y el miedo de que ese deseo me empujara a hacer algo era tan fuerte que eso provocaba que el deseo todavía adquiriera más importancia. Porque, cuanto más miedo de algo se tiene, más nos dominará, y más presente será. Porque pensaremos constantemente en ello.
NARRADORA: Gracias a la asociación el Ángel Azul, Fred ha aprendido a manejar mejor su pedofilia y ahora se siente con fuerza para comenzar una nueva vida.
FRED: A partir del momento en que he dejado de tener miedo de mi sexualidad y de mi desviación, mi atracción hacia las crías ha reencontrado su dimensión natural, es decir, sólo como un deseo. Ahora mi pedofilia abstinente, que en el pasado se imponía y era tan importante, ahora no es más que un pequeño grano de arena, como dice la Latifa, en un rincón de mi mente.
NARRADORA: Desde hace más de un año, Fred tiene novia.
ISABELLE: Si alguien me hubiera dicho, hace cinco o diez años, que me encontraría sentada en una mesa confrontada a pedófilos llamados «abstinentes», lo que ni siquiera sabía que existiera, hace 5 o 10 años habría sido incapaz de sentarse a tu lado.
FRED: Eso lo puedo entender, porque a mí también me habría sido imposible imaginarme un día sentado delante de víctimas y no sentirme automáticamente como un monstruo. Para mí hubiera sido demasiado incómodo sentarme delante de una víctima y explicarle mis penas.
ISABELLE: Sí, exacto.
FRÍO: Me parecía completamente…
ISABELLE: …inoportuno.
FRED: Inoportuno, exacto.
ISABELLE: Mi agresor no era como tú. No era de la misma clase, no lo era en absoluto. Hoy puedo ver perfectamente la diferencia y eso es importante. Lo que he entendido gracias a tu testimonio es que efectivamente existen pedófilos abstinentes que tienen conciencia. He comprendido tu dolor y tu desamparo y me he identificado totalmente. Creo que puedo ayudarte. O, mejor dicho, creo que puedo ayudar a personas como tú.
FRED: Ayudar y ayudarte a ti misma, también.
ISABELLE: Sí, claro. Porque ante todo hay que ayudarnos a nosotros mismos. Y comprender que tanto las víctimas como los pedófilos abstinentes necesitan ser ayudados y sobre todo ser escuchados.
LATIFA BENARI: Hay miles, o quizás millones, de pedófilos que todavía no han pasado al acto. Hay adolescentes que empiezan a sentir esta atracción. En algunos debates he hecho la pregunta, así, directamente, a los políticos: ¿Qué hará su gobierno para que todos estos pedófilos no se conviertan en delincuentes? A día de hoy, todavía no he obtenido respuesta alguna. Para ellos es más fácil separar a los delincuentes sexuales y, hala, hacia la prisión. Y para la víctima, el pañuelo, la psicología, la terapia… Eso es mucho más fácil que tomar mi camino.
Para preservar la identidad de algunos de los protagonistas, les hemos cambiado el nombre.


