Naira, una mujer de 24 años originaria de Cádiz y residente en Barcelona, comparte su impactante historia de supervivencia al abuso sexual infantil (ASI) y su incansable labor para transformar su dolor en una fuerza para ayudar a otras víctimas a través de su proyecto «No Más Silencio». Su testimonio es un poderoso recordatorio de la resiliencia humana y la urgente necesidad de abordar el abuso sexual y sus devastadoras consecuencias.
Infancia y Abuso: Un Calvario Silencioso Naira describe su infancia como feliz hasta el inicio de los abusos. Vivía con su madre y abuelos, quienes la criaron y le proveyeron todo lo necesario. Su madre, que la tuvo a los 19 años, trabajó y estudió, contando con el apoyo de los abuelos de Naira. También destaca la figura de Javier, la pareja de su madre desde que ella tenía 5 años, a quien considera un padre. Tenía una familia unida, participando en todas las celebraciones, lo que hacía que la situación de abuso fuera aún más incomprensible y difícil de detectar.
El Agresor y el Modus Operandi El agresor de Naira fue un familiar, su primo, quien era unos años mayor que ella. Los abusos comenzaron cuando Naira tenía 9 años y se prolongaron durante tres años, hasta que cumplió 12 años. Naira no tiene recuerdos de cómo comenzaron ni cómo terminaron los abusos, una laguna mental que atribuye a la disociación, un mecanismo del cerebro para bloquear momentos traumáticos y extremadamente dolorosos. Los profesionales le han confirmado que el cerebro es sabio al bloquear esos recuerdos para protegerla.
Los abusos se repetían «todas las semanas, viernes, sábado y domingo». El modus operandi de su primo era consistente: mientras la familia merendaba o estaba en la cocina, él la llevaba a su habitación con la excusa de jugar a la Play. La habitación tenía un ventanal grande, lo que Naira nunca entendió, ya que podían haber sido vistos, pero nunca ocurría. El abuso implicaba tocamientos, obligarla a hacerle tocamientos o a bajarse el pantalón y tener relaciones sexuales. Él la agredía física y psicológicamente con amenazas como «nadie te va a creer», «eres una guarra», «es tu culpa», «vas a dar vergüenza». El miedo a la violencia física y la vergüenza la llevaron a la indefensión, donde aprendió a «callarse y que pasara lo más rápido posible», cerrando los ojos. A veces, si su cuerpo respondía fisiológicamente a la estimulación, él la pegaba porque «podíamos echar algo», pero si no pasaba, también la pegaba por no haberlo hecho. Naira destaca que con terapia ha entendido que el cuerpo responde fisiológicamente, independientemente del consentimiento o el disfrute, algo que le costó mucho asimilar.
Aunque la mayoría de los abusos ocurrían en casa de su primo, Naira tiene «recuerdos muy puntuales de otros momentos que no sean en su casa», y los considera «los peores recuerdos». Uno de esos momentos marcados que le provoca pesadillas ocurrió en casa de su tía, jugando en la piscina, donde él la empezó a tocar sin que nadie se diera cuenta. Después, durante un juego de escondite, en el mismo lugar donde él siempre se escondía, le bajó el bikini y le hizo sexo oral por primera vez, un recuerdo que la marcó profundamente y que considera el peor de todos.
La Doble Vida y el Secreto Durante los años de abuso y después, Naira mantuvo una relación «normal» con su primo en público, intentando que su familia no sospechara nada. Esto significaba saludarlo, asistir a sus cumpleaños y sentarse a su lado en eventos familiares. Ella lo hizo por «miedo, culpa y vergüenza», consciente de que cualquiera que los conociera dudaría de su historia si supiera que él era su agresor.
Naira estaba convencida de que su familia no sospechaba nada. Un día, su madre le preguntó directamente si alguien le había hecho algo que ella no quería, debido a los problemas de salud que Naira presentaba. A pesar de que Naira sufría de migrañas intensas, ataques de pánico, ataques de ansiedad y agorafobia, y que su madre no entendía la razón de tantos problemas, Naira mintió, atribuyéndolos a su mala relación con su padre o al estrés de los exámenes. En ese momento, ella tendría 15 o 16 años, y su madre le creyó porque pensaba que Naira no le mentiría sobre algo tan grave. Naira reconoce haber desarrollado una habilidad para mentir muy bien, creando una «vida paralela» a lo que realmente sentía.
El Punto de Quiebre: La Culpa y el Intento de Suicidio El peso del secreto y sus consecuencias en la salud mental de Naira fueron inmensos. Sufrió trastorno de estrés postraumático (TEPT), depresión, ataques de pánico, ansiedad, disociación, y escuchaba voces e imágenes que la llevaban a desmayos o ataques de pánico. Tomaba hasta 14 pastillas diarias, incluyendo ansiolíticos, antidepresivos y antipsicóticos, para manejar estos síntomas.
El detonante para romper el silencio fue un problema de salud grave que sufrió su madre en 2022. Naira sintió un profundo sentimiento de culpa y la necesidad de que su madre supiera la verdad antes de que algo le pasara, ya que su madre había buscado incansablemente ayuda médica y tratamientos para entender lo que le sucedía a su hija, sin imaginar el verdadero origen de sus problemas. Naira tardó un mes en contarlo todo tras este evento y desde entonces ha ido compartiéndolo con más familiares y amigos.
El sentimiento de culpa no solo por los abusos sufridos, sino por sentir que había «destrozado» a su familia al revelar la verdad, la llevó a un punto crítico. Este sentimiento de culpa fue la «gota que colmó el vaso» y el motivo principal de su intento de suicidio. Pensaba que si no hubiera contado nada, su familia seguiría «normal».
Naira intentó suicidarse en noviembre de 2022. Pidió ayuda una semana antes, yendo al hospital para solicitar un ingreso voluntario en salud mental, pero le fue denegado. Esta negación la hizo sentir «peor aún» y «más sola todavía». La psiquiatra que la atendió, la misma que la había visto en un ingreso anterior en junio de 2022, la calificó de «manipuladora» y «mentirosa» ante otras psiquiatras, alegando que decía cosas diferentes a su madre. Naira cree que si le hubieran dado el ingreso, no habría llegado a ese punto.
Con conocimiento de farmacia (es técnico de farmacia, socorrista y formadora de primeros auxilios en Cruz Roja), Naira sabía qué medicamento tomar. Tomó 34 pastillas de un medicamento que reduce progresivamente los latidos del corazón hasta provocar una parada cardíaca. Aunque su intención era morir y no llamar la atención, estando «superdrogada», llamó a su mejor amigo, Lucía, quien alertó a sus padres, salvándole la vida. Su idea era tomar algunas pastillas en el instituto y el resto al salir, para luego coger un autobús a un pinar en la playa, un lugar donde nadie la buscaría. Sin embargo, el autobús no pasó, y su estado drogado la llevó a llamar a su amigo. Naira recalca que en ningún momento se arrepintió ni quiso quedarse viva; su deseo era morir.
El Difícil Proceso de Revelación y las Reacciones Familiares La primera persona a quien Naira le contó lo sucedido no fue su madre, sino su mejor amiga, y luego su mejor amigo. Ellos la ayudaron durante años, incluso pagándole un psicólogo y llevándola al médico cuando sufría ataques de pánico. Naira no sabía cómo contárselo a su familia, especialmente a su madre, que padecía depresión, por miedo a hacerle daño. Por ello, se lo contó primero a la mejor amiga de su madre, a su tía (hermana de su madre) y al marido de su tía, buscando su ayuda para encontrar la mejor manera de decírselo a su madre.
Cuando finalmente se lo contó a su madre, esta no dudó «ni un segundo» en creerla y apoyarla, lo cual Naira considera una gran suerte, ya que muchas víctimas no reciben ese apoyo familiar. Sin embargo, la revelación dividió a su familia. Naira relata que su primo, inicialmente, negó los hechos a su madre. Pero la madre de Naira, entendiendo muchos de sus comportamientos pasados, le creyó y regresó a casa de su primo día tras día hasta que él, entre lágrimas, reconoció la verdad. Aunque él admitió la verdad a su madre, no lo hizo con el resto de la familia. Esto obligó a otros familiares a «posicionarse» a favor de él o de ella, un sentimiento de culpa que Naira lleva muy mal, al considerar que ella «destrozó» a su familia. A pesar de todo, Naira se queda con las personas de su familia que la apoyan y no han dudado de su palabra.
Un encuentro con su primo y su madre para «arreglar el problema» resultó ser muy doloroso. La madre de su primo argumentó que «era un juego de niño» y que Naira «se lo había tomado mal». Durante esta confrontación, su primo no pudo hablar, pero se le escapó una lágrima, lo que hizo que Naira, inexplicablemente para ella, le diera un abrazo por pena, una reacción de la que se arrepiente profundamente. Más tarde, descubrieron que la conversación había sido grabada por ellos, presumiblemente como prueba en caso de una denuncia.
Las Secuelas y el Camino hacia la Recuperación Los abusos dejaron profundas secuelas en Naira, afectando sus relaciones interpersonales y su salud. Al principio, sentía «asco» hacia los hombres y evitaba estar rodeada de chicos. Su depresión y su aislamiento la llevaron a que sus amigas se distanciaran. Aunque comenzó a tener relaciones sexuales a los 18 años, a veces ciertas situaciones le recordaban a su primo, lo que la llevaba a cortar todo contacto sexual con esas personas, incluso si no habían hecho nada relacionado con el abuso.
A pesar de los desafíos, Naira ha logrado reducir drásticamente su medicación de 14 a 4 pastillas diarias gracias a un ingreso en enero de 2024. Su objetivo actual es tomar cada vez menos medicación y alcanzar la felicidad, ayudando a otras mujeres que han vivido experiencias similares.
Justicia y Legislación: Un Sentimiento de Impotencia Naira expresa un fuerte sentimiento de injusticia hacia la ley del menor en España. Critica que, si bien un menor de 14 años es inimputable y de 14 a 17 años las condenas suelen ser medidas educativas o trabajo social, la víctima debe pasar por un proceso judicial «muy duro» y «contar muchísimas veces con detalle lo que le ha pasado». Le parece incomprensible que el agresor pueda estar tranquilo «sabiendo que no le va a pasar nada». Naira no busca dinero; si denunciara, serían los padres de su agresor quienes tendrían que pagar, no él directamente. Su deseo es que haya alguna consecuencia penal real para el agresor, incluso si son solo «3 meses». Siente que la ley «ampara más al agresor que a la víctima» y que las víctimas no reciben ayuda a nivel judicial.
«No Más Silencio»: Un Proyecto de Esperanza y Empoderamiento Lo único positivo que Naira ha encontrado en su experiencia es su deseo y capacidad de ayudar a otras mujeres. Ella busca crear la red de apoyo que le hubiera gustado tener.
Ha fundado el proyecto «No Más Silencio» (@proyectonomassilencio), una iniciativa que nace de la convicción de que «el silencio duele» y que las víctimas no deben sentir vergüenza. El proyecto tiene como objetivo principal «crear espacios donde se les pueda brindar apoyo psicológico, legal y emocional junto a profesionales especializados en el ámbito».
«No Más Silencio» cuenta con un equipo de profesionales que incluye psicólogas, abogadas expertas en trauma, violencia de género y abuso sexual infantil, así como trabajadoras sociales. Ofrecen terapia online a nivel nacional y presencial en ciudades como Madrid, Barcelona, Cáceres y Zaragoza, con planes de expansión.
Componentes clave del proyecto:
- Libro colectivo de testimonios: Uno de los propósitos centrales es la creación y publicación de un libro con testimonios reales de mujeres sobrevivientes de ASI y agresión sexual. El objetivo es dar voz a estas historias (anónimas o no), concienciar a la sociedad sobre la magnitud del problema y que otras víctimas no se sientan solas al leerlos.
- Recaudación de fondos: El dinero de la venta del libro y las donaciones se destinará exclusivamente a financiar el proyecto, ofreciendo asesoramiento psicológico y jurídico, creando espacios de escucha y sanación (terapias grupales), y organizando talleres para sobrevivientes (gestión emocional, autoestima, cerámica, artesanía, arteterapia, música) y encuentros presenciales. Naira no busca un beneficio personal; el proyecto es «por y para ellas».
- Comunidad de apoyo: Naira sueña con una comunidad donde las víctimas de ASI y agresión sexual puedan encontrar ayuda especializada y nunca más se sientan solas, teniendo un lugar al que acudir cuando estén mal.
- Participación: El proyecto está abierto a la participación de mujeres que han sufrido estas violencias, profesionales especializados, y familiares/amigos/parejas de las sobrevivientes.
- Confidencialidad: Se garantiza total confidencialidad para todo lo que se cuente o se hable con Naira o su equipo de profesionales, asegurando que nadie será juzgado.
Mensaje de Esperanza y Visión de Futuro Naira concluye con un mensaje poderoso para otras víctimas: «que no se sientan solas porque no lo están» y que, aunque cueste, es posible salir de esa situación. Invita a las víctimas a buscar refugio en personas que han alzado la voz y les ofrece su ayuda y la de su equipo. Su meta es ser una «persona referente» en abuso sexual infantil y salud mental, con la esperanza de haber ayudado a «miles de personas» en cinco años, reconociendo que está donde está gracias a haber dado el paso de contar su historia. Su historia no la define, pero es un «cuerpo herido» que aspira a ser lo más feliz posible y a ayudar a otros a serlo también.
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