Preguntas Frecuentes
Grupo de Palabras: espacio donde víctimas y pedófilos hablan para prevenir.
En esta página explicamos a detalle qué es el Grupo de Palabras de Àngel Blau, una iniciativa pionera y valiente donde personas supervivientes de abuso sexual infantil y personas con pedofilia (no delincuentes) se reúnen para compartir sus vivencias. Sabemos que suena disruptivo: ¿cómo van a dialogar víctimas y pedófilos en un mismo espacio? Aquí aclararemos cómo funciona este grupo de forma segura y confidencial, quiénes pueden participar, qué reglas lo rigen, qué beneficios aporta a unos y otros, y cómo garantizamos el bienestar emocional de todos los participantes. El objetivo central del Grupo de Palabras es prevenir el abuso sexual infantil a través de la empatía y la comprensión mutua, rompiendo tabúes desde el respeto. Respondemos las preguntas frecuentes para que entiendas por qué este espacio es tan transformador.
¿Qué es el Grupo de Palabras y cómo funciona?
El Grupo de Palabras es, ante todo, un espacio seguro, respetuoso y confidencial donde se encuentran dos colectivos que normalmente jamás conversarían: por un lado, personas que han sido víctimas de abuso sexual infantil; por otro, personas con pedofilia que buscan ayuda
Ambos grupos dialogan abiertamente sobre sus experiencias, miedos y emociones. La idea central es “hablar y escuchar para entender”: a través de la palabra compartida, se busca sanar heridas y prevenir futuros abusos.
¿Cómo funciona en la práctica? Se organizan sesiones periódicas (por ejemplo, un domingo al mes, según disponibilidad) en un entorno discreto y cómodo. Asisten varias víctimas adultas de abuso infantil que desean compartir su historia y varias personas con atracción hacia menores comprometidas a no delinquir (pedófilos abstinentes, o pederastas en procesos judiciales o de rehabilitación). Todos se sientan en círculo, acompañados.
Prima la libertad de expresión y el intercambio constructivo: cada participante puede hablar de sus vivencias, sus dolores, hacer preguntas y responder desde su perspectiva, siempre sin juicios y con absoluto respeto por el otro.
Es un diálogo auténtico en el que, por primera vez, la víctima puede ponerle voz a su dolor frente a alguien que podría haber sido un agresor y la persona con pedofilia puede empatizar cara a cara con el sufrimiento que causa el abuso sexual.
Se crea un ambiente de empatía profunda: las víctimas observan el impacto real de su relato en personas pedófilas, ven la emoción, el arrepentimiento o la consternación en ellos, y eso produce en la víctima un efecto sanador. ¿Por qué sanador? Porque muchas veces la víctima ha cargado culpas que no le correspondían (“quizá yo lo provoqué, quizá yo…”), pero al ver a estos pedófilos estremecerse con su historia y condenar el abuso, la víctima comprende de verdad que la responsabilidad fue del abusador, no suya. Esa culpa injusta empieza a disolverse. Además, las víctimas sienten que al contar su historia están contribuyendo a prevenir posibles abusos futuros (los pedófilos presentes toman conciencia), lo cual puede ser muy empoderante para ellas.
Del lado de las personas con pedofilia, el grupo funciona como un “shock de realidad” que refuerza su compromiso de nunca abusar. Al escuchar directamente el testimonio de quienes sufrieron abuso, conectan emocionalmente con el daño que causa ese acto. Ya no es una idea abstracta, es el rostro y la voz de alguien sentado frente a ellos. Muchos nos dicen que esa vivencia les hizo pensar: “Jamás podría causar yo ese dolor”. Además, en el grupo rompen su propio silencio: por primera vez pueden hablar de su atracción, de su soledad, de su lucha interna, sin ser rechazados, sino escuchados con respeto.
Esto les quita ese sentimiento de aislamiento que a veces los lleva a empeorar. En lugar de sentir “soy irremediablemente malo”, se dan cuenta de que pueden aportar a algo positivo (protegiendo a esos supervivientes de nuevas agresiones). En muchos casos, participar les quita incluso las ganas de consumir pornografía infantil o similares, porque ahora cada imagen la asocian al relato real de sufrimiento que escucharon. En definitiva, el encuentro y el diálogo son elementos clave de prevención: humaniza a ambos lados, rompe prejuicios y crea una alianza inesperada contra el abuso sexual infantil.
Resumiendo: el Grupo de Palabras es un espacio pionero de diálogo entre víctimas y pedófilos orientado a la prevención. Funciona haciendo que hablen cara a cara, con honestidad, en un entorno seguro. Hablando y escuchando, logran entender el sufrimiento del otro y eso produce efectos curativos en las víctimas y preventivos en los pedófilos. Es un enfoque disruptivo, sí, pero tremendamente efectivo para sanar y proteger.
¿Quién puede participar en el Grupo de Palabras?
El Grupo de Palabras tiene sus protocolos de admisión para asegurar que la experiencia sea útil y segura para todos.
En general, puede participar cualquier persona adulta que haya vivido abuso sexual infantil (sobreviviente) y cualquier persona con pedofilia que esté comprometida con no ofender y cumplan ciertos requisitos previos.
Estos requisitos incluyen, por ejemplo, haber pasado (o estar pasando) por un proceso terapéutico individual. ¿Por qué? Porque el grupo no sustituye la terapia, sino que la complementa, y es importante que la víctima tenga un mínimo de estabilidad emocional antes de exponerse a escuchar a pedófilos, y que la persona con pedofilia también haya trabajado sus bases para aprovechar la experiencia…
Antes de participar, nuestro equipo hace una entrevista previa individual con la víctima para conocer su historia, prepararla y confirmar que está lista para este paso. Si tiene dudas, en esa entrevista puede plantearlas; también le pedimos que lea detenidamente el protocolo del grupo, donde explicamos exactamente qué va a encontrar, para que tome una decisión informada.
En resumen, puede participar una víctima de ASI mayor de edad, en proceso de sanación, que desee enfrentar esta experiencia, entienda la dinámica y acepte las normas (como la confidencialidad).
El pedófilo candidato también pasa una evaluación previa con nuestro equipo, donde nos aseguramos de su motivación genuina de ayuda y de que acepta las reglas. Tiene que estar dispuesto a hablar sinceramente de sus fantasías, a escuchar sin justificar nada y, sobre todo, a respetar a las víctimas con empatía. Si detectamos actitudes de negación, poca capacidad de autocontrol o cualquier señal de peligro, no se admite. Los pedófilos que participan suelen venir de nuestro programa de asistencia (GAP) o derivados de profesionales, lo que significa que están en proceso terapéutico. Como con las víctimas, la voluntariedad es crucial: vienen porque quieren y creen en la abstinencia, no como una imposición.
En cuanto a la edad, suelen ser adultos de diversas edades. Hombres y mujeres pueden participar (hasta ahora han predominado hombres pedófilos porque son mayoría en buscar ayuda, y mujeres supervivientes porque son mayoría entre víctimas, pero no es excluyente).
También pueden participar familiares directos en algunos casos, por ejemplo, madres, hermano/a de víctima o algún familiar de pedófilo, siempre que su presencia aporte al grupo y con consentimiento de los demás. Esto se valora caso a caso.
En resumen, ¿quién puede participar? – Supervivientes de abuso sexual infantil que se sientan preparados y hayan seguido los pasos de admisión (entrevista, terapia previa, etc.), y personas con atracción hacia menores comprometidas con la prevención y que igualmente cumplan el protocolo de admisión específico. Ambos con el deseo honesto de dialogar y sanar/prevenir. La participación es completamente voluntaria y gratuita (no tiene costo ninguno). Y por supuesto, todos deben firmar acuerdos de confidencialidad y respeto.
El Grupo de Palabras es una opción, no una obligación. Hay quienes prefieren no exponerse a ese encuentro, y está bien. Cada proceso es único.
¿Es confidencial?
Totalmente. La confidencialidad es un pilar fundamental del Grupo de Palabras, sin ella este espacio no podría existir. Todo lo que se cuenta dentro del grupo queda dentro. Desde el momento de la admisión,cada participante firma un acuerdo de confidencialidad donde se compromete a no revelar fuera los nombres, detalles personales ni historias específicas escuchadas en el grupo . Esto se explica con mucha seriedad: si alguien violara la confidencialidad, no solo sería excluido de futuras sesiones, sino que estaría traicionando la confianza de personas que han compartido cosas muy íntimas. Todos los participantes entienden la importancia y la respetan.
También protegemos la confidencialidad a nivel organizativo: las reuniones son a puerta cerrada, en un local seguro, sin terceros. Si alguien necesita después comentar algo de lo vivido, puede hacerlo en privado con los facilitadores o en su terapia individual, pero no en público. Incluso la existencia misma de tu participación es confidencial: hay participantes que no desean que su familia sepa que asisten (tanto víctimas que prefieren no preocupar a sus seres queridos, como pedófilos que obviamente no quieren ser señalados), y nosotros respetamos eso absolutamente.
¿Es seguro emocionalmente para una víctima participar?
Esta es una pregunta crucial y lo entendemos perfectamente: si sufriste abuso sexual, la idea de sentarte en una sala con personas pedófilas (aunque no sean ofensores) puede darte mucho miedo. Nuestra prioridad número uno es que cualquier víctima que participe esté preparada y se sienta segura emocionalmente. Por eso, como mencionamos antes, hay un proceso para valorar tu estado antes de invitarte a un grupo. Si en la entrevista previa vemos que aún estás muy frágil o que la experiencia podría re-traumatizarte, te recomendaremos esperar un tiempo y fortalecer más tu terapia individual antes de intentarlo. No arriesgamos el bienestar de nadie.
El Grupo de Palabras, paradójicamente, suele convertirse en un espacio muy cálido y comprensivo. Aquí nadie te va a juzgar, todos comprenden tu sufrimiento y te apoyarán: tanto los coordinadores, como los otros sobrevivientes, e incluso las personas con pedofilia presentes, desean de corazón que tú sanes – porque tu testimonio es un regalo de aprendizaje para ellos. Es normal tener miedo al principio, pero ese miedo se transforma en empoderamiento cuando ves que puedes hablar de lo innombrable, ser escuchada y transformar ese dolor en prevención.
En resumen: sí, es un entorno emocionalmente seguro para la víctima, con las precauciones debidas. Tu participación se adapta a tu resiliencia, se respeta tu ritmo y se pone tu cuidado primero. Y los beneficios potenciales (liberarte de culpa, sentirte entendida, contribuir a evitar otros abusos) suelen pesar más que la incomodidad inicial. Estamos para acompañarte en todo el proceso, antes, durante y después, garantizando que sea una experiencia de crecimiento y nunca de daño. ¡Te esperamos cuando te sientas preparada, con los brazos abiertos y la escucha activa!
Estamos aquí para escucharte, sin juicios y con total confidencialidad.
Gracias por la confianza










