Autora: Carla Martí Munné
Terapia Narrativa en casos de Violencia Sexual Infantil
El pasado 2 de junio acudimos como oyentes a la formación “Narrativas del self en la intervención en trauma y abuso sexualizado” impartida por F. Javier Aznar [1] en el marco del Col·legi Oficial de Psicòlegs de Catalunya (COPC). La formación, sin duda alguna, fue de inmenso valor e interés, tanto por la capacidad de divulgación del ponente como por el interés de los contenidos y reflexiones que nos condujo a generar. A continuación queremos exponer algunas de las reflexiones que nos llevamos de la misma, y que resultan de gran interés y aplicabilidad para el tratamiento de personas que han sido víctimas de violencia sexual infantil. Queremos dar las gracias al ponente F. Javier Aznar y al Col·legi Oficial de Psicòlegs de Catalunya, por haber tratado una cuestión tan relevante, como es el abuso sexual infantil. ¡Nuestra más sincera y sentida enhorabuena!¿Cuál es el enfoque de la Terapia Narrativa?
Desde el enfoque de la terapia narrativa, basada en los principios del construtivismo social, se parte de la idea de que la forma que adoptan las historias sobre nuestras vidas, tanto aquellas que contamos a los otros como las que nos contamos a nosotros/as mismos/as, estarán determinadas por la manera como hemos procesado la secuenciación temporal de los eventos y de la atribución de significados que hayamos hecho (Castillo, Ledo y del Pino, 2012). Las historias o narrativas albergan un gran potencial en su proceso de configuración, ya que permiten la conformación de infinitos escenarios diferentes que sirvan de relato sobre nuestras propias vidas y, por ende, de las posibilidades de dar forma a nuestra realidad. Así pues cuando, de forma consciente o inconsciente, relatamos nuestra historia de vida de un modo X, Y o Z, estamos al mismo momento esculpiendo la forma que adquirirá nuestra realidad.Una herramienta, con potencial transformador, que puede estar a nuestro servicio…
Es por ello que la terapia narrativa considera de vital importancia tomar conciencia de esta potencialidad, con importantes repercusiones para nuestro bienestar y calidad de vida. Se debe hacer hincapié en el no hermetismo de las historias que construimos, evidenciando el dinamismo de las mismas y la posibilidad de reconfigurar su contenido y/o estructura para generar otros escenarios y, como consecuencia de ello, la posibilidad de resignificar determinados episodios vividos a lo largo de nuestra trayectoria vital. Cuandon tenemos la oportunidad de reconstruir la realidad nos podemos preguntar: ¿qué significado tuvo para mí aquella situación que atravesé?. En el momento de relatar, debemos recordar que la historia que conformemos será selectiva, y que en su proceso de elaboración, deberemos priorizar y elegir qué elementos son más relevantes, pertinentes o necesarios destacar [1]. Es importante mencionar que, en terapia narrativa, no es necesario relatar el núcleo de la experiencia traumática si el/la paciente/consultante no lo desea, ya que esta perspectiva no se enfoca en técnicas de exposición al trauma (Losada y Faga, 2022).¿Qué aspectos debemos tratar con sumo cuidado?
Psicoeducación
Tomando en consideración los principios de la terapia narrativa, debemos prestar especial cuidado en el proceso de terapia, ya que comúnmente suele contener elementos y/o fases de psicoeducación en los que se definen términos, se asignan conceptos, se proponen determinadas respuestas, etc. Atendiendo a la terapia narrativa, estos procesos serían desaconsejados, puesto que estaríamos induciendo un relato a nuestro/a paciente/consultante, y en consecuencia, le estaríamos indicando qué “verdad” debe adoptar, cuales debe descartar y, por ello, estaríamos decidiendo por él/ella la realidad que debe asumir como consecuencia de un relato prefabricado [1].Modelos de intervención
También resulta de vital importancia no caer en la redundancia de imponer relatos y realidades a raíz del estricto seguimiento de un modelo de psicoterapia, bajo la idea de “one size fits all”, como guía de intervención inalterable y estrictamente necesaria que no tenga en cuenta las necesidades y la heterogeneidad que presente el cliente/consultante y que no se adecuen al/la mismo/a [1].Relato sobre la violencia
Resulta indispensable destacar el modo cómo nos referimos a la violencia y cómo, a raíz de ello, podemos propiciar la revictimización y la posible vivencia del trauma. Debemos comprender que no existe una narrativa neutral sobre la violencia, todo relato que gire en torno a esta realidad desprendre, per se, una connotación de responsabilización de la víctima respecto al hecho delictivo o una comprensión tajante de que la violencia es ejercida de forma unidireccional y por ello, ajena a la persona que sufre sus consecuencias [1]. Con nuestro lenguaje podemos reforzar la violencia sexual infantil o contribuir a romper su ciclo, ya que se trata de una problemática de cariz social, y no individual. De este modo, al referirnos al suceso violento, estaremos tomando decisiones con importantes implicaciones pragmáticas [1]:- Optar por un discurso que encubra la violencia perpetrada (por ejemplo, al leer titulares que hablan de relación sexual en vez de violación, violencia sexual y/o abuso o agresión sexual).
- Estar minimizando la responsabilidad de los victimarios y, por ende, culpando a las víctimas del abuso sexual infantil (por ejemplo, sosteniendo que la víctima vestía de forma provocativa y/o alegando que su comportamiento no fue el adecuado, porqué inicitó al victimario).
- Destacar la inexistencia o minimizando la existencia de resistencia en las victimas, para con el acto de violencia sexual infantil (alegando que no dijo que no en ningún momento, que no se resistió, e inclusive sirviéndose de posibles reacciones fisiológicas mecanizadas como una respuesta de lubricación/excitación sexual, erección, orgasmo, etc.).
Trabajo de revisión de creencias, estereotipos y prejuicios
Además, es importante que, como profesionales, si queremos intervenir con personas que han sufrido violencia sexual infantil, nos desprendamos de una amplia gama de estereotipos y prejuicios socialmente extendidos entorno a este fenómeno, y nos aseguremos que no afecten, a modo contratransferencial, a la intervención que realicemos junto a nuestro cliente/consultante. Ejemplo de ello sería la idea extendida de que todo evento estresante e hiriente debe, per se, convertirse en un trauma [1]. Actualmente ha habido un gran apogeo de la perspectiva del trauma, pero debemos ser cautelosos/as y no inferir de modo automático que una determinada vivencia deba ser percibida y vivenciada como traumática, ya que esto dependerá única y exclusivamente de la subjetividad y de múltiples circunstancias y casuísticas de la persona en cuestión. También está extensamente arrelada la idea de cronicidad de los estados, en vez de considerar que las vivencias y sus experiencias puedan ser relativas y temporales [1]. Esta idea, lejos de resultar inocua, puede llevarnos a considerar que la violencia sexual infantil será una realidad que atravesará transversalmente a nuestro/a paciente, para toda su vida, llevándonos a instaurar, de nuevo, un relato que nosotros le estamos construyendo y adjudicando, y que quizás no se ajusta a sus necesidades, dinámicas y cambiantes.Uso del lenguaje
Es de vital importancia cuidar mucho del lenguaje empleado, de las afirmaciones y connotaciones que nuestras aportaciones como profesionales puedan conllevar, puesto que debemos ser conscientes de que la persona que ha sido víctima no para de recibir inputs valorativos en torno a su calidad y grado de adecuación moral al rol y a los estereotipos que la sociedad asigna a las víctimas de un hecho delictivo. Por otro lado, además de todo el daño que el entorno pueda causar a la persona en cuestión, debemos tomar en consideración que el seno de la dinámica delictiva, es decir, el propio curso de acción de la violencia sexual infantil se afinca en una relación de poder asimétrica que en todo momento busca subvertir a la víctima, empequeñecerla, responsabilizarla, culparla, hacerla sentir indigna y avergonzada, anulada. Es por ello que nos encontramos ante personas que, debido a un prolongado proceso de manipulación y tergiversación, han sido dañadas y se pueden encontrar debilitadas para su autorregulación como causa de la preparación de subyugación que realiza el victimario para favorecer la ejecución de su acto delictivo [1].¿En qué aspectos centraría la atención la Terapia Narrativa?
De la perspectiva narrativa se desprende la necesidad de visualizar a la persona que ha vivido violencia sexual infantil como un ser más allá de un conjunto de síntomas que puedan haberse producido “a causa de”, es decir, ver más allá de un trastorno por estrés posttraumático y/o síntomas compatibles con el diagnóstico en cuestión [1]. Esta persona, en ocasiones, más que necesitar un diagnóstico per se, necesita sentirse reconocida y validada como sujeto individual. Inclusive puede requerir desproblematizar su experiencia vital, para ser capaz de percibirse a sí misma/o desde otro ángulo, quizás desde la visión de superviviente, de persona que ha sido capaz de sobrevivir a un gran desafío vital, más que de permanecer en la etiqueta de víctima pasiva, receptora de daño, sin capacidad de agencia. Aquí volvemos a considerar el poder de las sutilezas narrativas en la conformación de nuestra realidad, que permiten pasar de la vivencia subjetiva de víctima a superviviente.¿Cómo lo conseguimos?
«Nuestra intervención se dirigirá a preservar la dignidad y a recuperar la agencia del self y la sensación de competencia, que el hecho delictivo y sus consecuencias puede haber dañado», comenta Aznar [1]. «Nos centraremos en plantear preguntas y en incitar a la reflexión de nuestro/a paciente/consultante para que detecte su capacidad de agencia, que el relato predominante asociado a la victimización sexual infantil con alta probabilidad, le habrá arrebatado» [1]. «Procederemos a centrar nuestra intervención en la validación y señalamiento, para la toma de conciencia, de la capacidad de agencia y de la competencia y criterio de la persona a la que estemos ayudando en el marco del proceso terapéutico», añade el mismo [1]. Para ello, deberemos rescatar del relato de nuestro paciente/consultante cualquier evidencia que reafirme esto: señalar la capacidad de haber pedido ayuda con un/a terapeuta, y de expresar sus necesidades y/o deseos, remarcar todo lo que se ha hecho para preservar, cuidar y/o amortiguar daños a terceros, estrategias que se han puesto en marcha para sobrevivir a la violencia sexual infantil y a sus repercusiones posteriores, etc. Con estas acentuaciones y reconceptualizaciones, iremos transformando el relato en la dirección de construir una identidad positiva y abriendo la posibilidad a la resiliencia (Guillén, Villarraga, Pachón y Roncancio, 2013).Pongámos un ejemplo…
Aznar nos relata un claro ejemplo de trabajo de reconfiguración narrativa que sería el que se podría efectuar ante la autopercepción atribuida por la víctima de [1]:“Se autorefiere como alguien receptor/a pasivo/a de la violencia sexual, por no haberse resistido física ni verbalmente y por haberse quedado paralizado/a, en un proceso de disociación de su mente para con su cuerpo, para evadir la realidad demasiado dolorosa que estaba atravesando”.Este modo de autorreferirse entraña una visión de sí mismo/a de sujeto sin agencia, de sujeto que se halló sobrepasado por las circunstancias y que, por ello se anuló, quedándose fuera de juego, sin tomar las riendas de lo que le estaba aconteciendo. Un relato de este tipo puede, si el sujeto en cuestión se encuentra preparado/a, reformularse, dando lugar a una realidad muy distinta, ya que podemos leer el mismo escenario en otros términos [1]:
“esa disociación, podemos dejar de entenderla como un perder la agencia, por pasar a considerarlo como una sabia elección de supervivencia personal, en la que de modo súbito efectuamos una valoración minuciosa de costes-beneficios de los distintos escenarios que, nuestras posibilidades de actuación podrían conllevar para nosotros/as y para nuestros seres queridos, y a raíz de ello, tomamos la decisión que consideramos menos lesiva y más protectora”.De este modo, ya no nos concebimos como pobres sujetos desagenciados que desconectaron de sí mismos porqué no podían con la situación, a considerarnos como sujetos que, activamente y de forma concienzuda, decidieron optar por la alternativa que consideraron más adecuada atendiendo a sus circunstancias específicas.
BIBLIOGRAFIA
[1] Aznar, F.J. (2 de junio de 2023). Narrativas del self en la intervención en trauma y abuso sexualizado [Diapositivas de PowerPoint]. Col·legi Oficial de Psicòlegs de Catalunya. Castillo, I., Ledo, H.I., del Pino, Y. (2012). Técnicas narrativas: un enfoque psicoterapéutico. Norte de salud mental, X, 42, 59-66. Guillén, S., Villarraga, G., Pachón, R., y Roncancio, E. (2013). Resiliencia en el fenómeno de violencia intrafamiliar desde la terapia narrativa. Una nueva perspectiva. Revista Vanguardia Psicológica Clínica Teórica y Práctica, 4, 1, 58-68. Losada, A. V., y Faga, M. (2022). La terapia narrativa como intervención en jóvenes víctimas de abuso sexual infantil. Revista Subjetividad y Procesos Cognitivos, 26, 1, 22-52.Si crees que podemos ayudarte o tienes alguna duda, llámanos al ☎ 93 642 53 81, envíanos un correo a info@angelblau.com,o escríbenos en el formulario de contacto que encontrarás en https://angelblau.com/contacto/
ARTÍCULO ESCRITO POR LA VOLUNTARIA CARLA MARTÍ MUNNÉ.
Amb el suport de l’Ajuntament de Barcelona



