Documental “Tell me who I am” (Netflix, 2019), reflexiones sobre el abuso sexual infantil, los recuerdos recobrados y el camino hacia sanar

El documental que os presentamos narra la historia de dos hermanos gemelos, Marcus y Alex, quienes sufrieron abusos sexuales desde su infancia hasta entrada la adolescencia. Ambos fueron abusados desde su niñez, tanto por parte de su madre, con el conocimiento de su padre, como por parte de conocidos familiares.

La singularidad de esta dura historia no son sólo los abusos repetidos durante un largo período de tiempo, así como las consecuencias en cada uno de ellos, sino las diferencias que se produjeron en las vivencias de los hermanos. Por una parte, encontramos a Alex, quien tuvo un accidente de moto a los 17 años y perdió la memoria de todo lo vivido hasta entonces. Por otro lado, Marcus recordaba cada suceso traumático que vivieron, ocultando la historia del abuso a Alex, por temor a dañarlo. Esta decisión que tomó Marcus produjo que Alex no entendiera el mundo en el que vivía hasta siendo incapaz de sentirse a gusto con su vida y su identidad. Finalmente, Marcus, en el mismo documental y ya ambos con 57 años, le explica qué ocurrió durante aquellos años de su infancia y adolescencia.

Antes de entrar en cómo fueron ambas vivencias, las dificultades que ambos protagonistas tuvieron que hacer frente, así como las consecuencias de éstas, es conveniente recordar la diferencia que existe entre la “pedofilia” y la “pederastia”, muy a menudo confundidas, para poder explicar correctamente esta historia. Por pedofilia se entiende la atracción sexual hacia niños/niñas y/o adolescentes. La pederastia, en cambio, es el abuso hacia el/la menor, es decir, cuando ya pasa a la acción.

Vivir con el secreto

Ser víctima del abuso sexual infantil es una vivencia muy personal. Hay personas que olvidan el abuso como un mecanismo de defensa y lo recuerdan años más tarde, y otras que viven con el recuerdo para toda la vida. Al principio, la mayoría de las víctimas sienten temor a contar aquello que les ha ocurrido. Tal vez por miedo a no ser creídas, a ser culpadas, a sentir que serán causantes de una ruptura familiar, por vergüenza o por otros motivos. Sin embargo, la víctima primero tiene que ser consciente de lo que ha sucedido. Entender que ha habido un abuso sexual. Y esto no es algo tan fácil como parece.

Hay que recordar que muchos de los abusos sexuales infantiles que se producen son realizados por personas del entorno próximo del/de la menor. Es más, en la mayoría de las ocasiones, el/la agresor/a es alguien conocido por la víctima y que además puede tener un papel de referencia en la vida de el/la niño/a, por ejemplo, un familiar cercano o un cuidador. Percatarse de que quien te debería de cuidar, proteger o querer es en realidad quien te daña y abusa, no es una tarea fácil de aceptar. Además, según la educación sexual que haya sido dada al/a la menor, es perfectamente plausible que el abuso no sea identificado como tal, sino como un juego.

Cuando finalmente la víctima comprende lo que ha ocurrido e identifica la situación, pueden darse distintos escenarios que tendrán que ver con el tipo de abuso vivido, las estrategias que la víctima pueda tener para afrontar las consecuencias, la relación con el/la abusador/a, etc. Todas estas realidades pueden conllevar a una falta de confianza hacia los adultos, a sentir impotencia y/o implicar problemas emocionales, entre otros.

Por ejemplo, en el documental “Tell me who I am”, tanto Alex como Marcus, una vez se dan cuenta de que su madre abusó sexualmente de ellos, así como lo hicieron otros adultos ajenos a la familia, nace en ellos un sentimiento de impotencia hacia el mundo. Se percatan que “esa es nuestra vida”, generando una indefensión aprendida hacia futuros abusos de cualquier tipo de naturaleza. Sienten que hagan lo que hagan no va a cambiar nada y que, quien debería amarlos (su madre y su padre, como cómplice de los abusos) no lo hacen, sino que los dañan. Vivir con todo ello puede producir mucho dolor a la víctima. Incapacita su camino hacia sanar, hacia reencontrarse. Se convierte en un secreto.

Vivir con el secreto es una realidad que ningún menor debería vivir.

 

Afrontamiento

Como comentábamos anteriormente, cada vivencia de cada situación de abuso es distinta. Tanto entre diferentes personas como la vivencia que una misma víctima tiene de distintos episodios de abuso. Remarcamos que es necesario ser consciente del abuso para poder identificarlo y afrontarlo con todas las estrategias de que se dispongan.

En la historia de Alex y Marcus observamos dos realidades muy distintas. Marcus recuerda todos los abusos sufridos desde que era un niño. Recuerda la primera vez, cuando su madre los llevaba a la habitación, los metía en su cama y los obligaba a masturbarse entre sí. Luego, los tocaba ella. Y los hechos fueron a más. Cuenta cómo su madre los llevaba a casa de amigos adultos, cenaban y ella se iba. Los dejaba solos en las casas, pero nunca juntos, siempre los hermanos separados. Luego uno de esos adultos los metía en una cama, los tocaba y los abusaba hasta que al día siguiente su madre los recogía y los devolvía a su casa. Nunca hablaban, siempre en silencio, siempre callados.

Esta es la historia de Marcus, pero la de Alex es totalmente distinta. Mientras que el primero ha recordado los hechos desde siempre, Alex, por su parte, los conoce cuando es producido el documental “Tell me who I am”. Hasta entonces, Alex solo sabía que habían ocurrido situaciones “extrañas” en su casa y que su madre los había masturbado, pero no sabía el resto de la historia, puesto que su hermano Marcus prefirió ocultárselo para no generarle dolor.

Así pues, nos encontramos delante de dos formas de afrontamiento muy distintas aun estando delante de abusos sexuales mayoritariamente idénticos. Mientras que Marcus ha ido afrontando sus recuerdos y experiencias, Alex, debido al accidente, no ha podido tener esta misma oportunidad. De hecho Marcus decidió no contarle nada a Alex cuando despertó del coma tras el accidente con 17 años para así él mismo también tratar de olvidar los abusos. Su método de afrontamiento fue la evitación. Evitar tener pensamientos sobre los abusos, no hablarlo, no querer recordarlo. Hacer ver que no habían ocurrido. Eliminar esos recuerdos de la propia vida.

Utilizar esta forma de afrontamiento es totalmente válida para cualquier víctima. Es humano no querer sentir dolor. Además, a veces no se está preparado para poder encararse a una situación que puede conllevar tanto dolor.

Alex, por su parte, cuando ya es conocedor de los abusos se encuentra en otro punto. Tiene familia e hijos. Tiene más vivencias y experiencias que le pueden ser de gran utilidad para hacer frente a los recuerdos. No tiene 17 años, sino 57. Quiere afrontar su historia, recuperarse y poder sentirse sano.

Nos hallamos delante de formas distintas de cómo vivir un abuso. La evitación es lógica emocionalmente, es dura pero “sencilla”, permite reducir el dolor de una forma rápida. Sacar los abusos a la luz, poner nombre a lo ocurrido, ir a la raíz para así sanar, puede ser un camino más lento.

Ni Marcus ni Alex lo hacen mejor o peor, sino que hay que entender que, según el momento vital en que la víctima se encuentre, le será más fácil una forma de afrontarlo que otra. Es igual de válido escoger cualquiera de los estilos de afrontamiento que puedan existir.

Al igual que entendemos que la víctima no es la culpable de los abusos, tampoco lo es su forma de sobrellevarlo.

 

La revelación del abuso

Cuando la víctima decide contarlo, nos encontramos delante de un cambio de etapa y paradigma. La víctima pasa de la pasividad a ser activa en su propia historia. Se empodera, relata los hechos, los dice en voz alta, les pone palabras.

Para llegar a este empoderamiento, es necesario romper el silencio. Ese silencio que ha podido ser más o menos corto, más o menos intenso, pero que le ha hecho estar callada, escondida, ocultada.

Poner palabras a los abusos no es tarea fácil. Tal vez hay que cambiar unos conceptos por otros, puesto que puede que se hayan identificado erróneamente. Puede ser que aquello que lo llamábamos “juego” ya no lo sea, y ahora lo identifiquemos como un abuso. Puede ser que lo que veíamos como un “secreto entre amigos” fuera una manipulación o una imposición del mismo secreto. Por tanto, se trata de un cambio duro, pero necesario.

Estas palabras ayudan en el camino de aceptar lo ocurrido. El abuso ocurrió, pero puede sanarse. Esta autoaceptación es de gran utilidad para la recuperación de la identidad. A veces, víctimas de abusos sexuales infantiles se sienten desubicadas, sin entender su lugar en la vida, sintiéndose incómodas con su existencia. Estos sentimientos de pérdida son los que relata Alex en el documental: “no sé quién soy, no solo la historia de quién soy, sino quién soy en realidad”. Así, cuando finalmente la víctima es capaz de afrontar los recuerdos, romper el silencio y poner palabras, ya se halla en el camino de recuperar su identidad.

El abuso sexual infantil no define la identidad de nadie, puede ser parte de las vivencias experimentadas, pero sufrirlo no determina a nada ni nadie.

El documental finaliza con la revelación de Marcus hacia Alex sobre los detalles de los abusos y cómo estos ocurrieron. Finalmente, Alex, mirando a la cámara, declara: “se acabó, por fin, y seguimos adelante”.

Si crees que podemos ayudarte o tienes cualquier duda puedes llamarnos al  93 642 53 81, o enviarnos un correo a info@angelblau.com.

ARTÍCULO ESCRITO POR EL PSICÓLOGO JOAQUIM ALMEDA (VICEPRESIDENTE DE ÂNGELBLAU) Y LA PSICÓLOGA  PAULA LLORENS (VOLUNTARIA EN ÂNGELBLAU).

Envía tu opinion