Querer no es poder: por qué repetimos lo que nos hace daño
Portada de la edición de 2023 de Querer no es poder Portada de una edición anterior de Querer no es poder

Querer no es poder: por qué repetimos lo que nos hace daño

Portadas editoriales © Paidós / Editorial Planeta. Ficha oficial del libro.

Hay conductas que prometemos no repetir y, sin embargo, vuelven. No siempre ocurre porque falte voluntad. A menudo intervienen el alivio inmediato, el aprendizaje, el contexto y la dificultad de encontrar otras respuestas cuando aparece el malestar.

En este artículo

Cuando querer no basta

Por la mañana, una persona se dice que hoy será diferente. Lleva varios días queriendo llamar a una amiga y recuperar una tarde tranquila. Pero llega el cansancio, aparece una sensación difícil de sostener y vuelve a la conducta que había decidido evitar. Poco después aplaza la llamada. A la mañana siguiente no solo le preocupa lo ocurrido: también se pregunta por qué no pudo cumplir una decisión que parecía sincera.

Esta escena no permite saber si existe una adicción. Tampoco explica por sí sola qué mantiene la conducta. Sí muestra una experiencia común: la distancia entre lo que queremos hacer y lo que finalmente hacemos. Es la pregunta que recorre Querer no es poder, de Arnold M. Washton y Donna Boundy.

La obra original, publicada en 1989, propuso mirar más allá de la sustancia o de la conducta y preguntarse qué función estaba cumpliendo: calmar, activar, distraer, buscar placer o dejar en pausa algo doloroso. La edición española apareció en 1991 y Paidós presentó una nueva edición en 2023. Conviene recordar que se trata de un libro divulgativo de su tiempo, no de un manual clínico actualizado.[1]

Su título tampoco significa que la voluntad sea inútil. Querer puede abrir una conversación, sostener una petición de ayuda o permitir volver a intentarlo después de un tropiezo. El problema aparece cuando esperamos que una decisión interna modifique, por sí sola, todo lo que rodea a la conducta: el aprendizaje, el deseo intenso, el acceso, el malestar físico o emocional y las condiciones sociales. Las adicciones son fenómenos complejos y no una prueba de debilidad moral.[3] [15]

Por qué repetimos lo que nos hace daño

Una conducta puede mantenerse porque ofrece una recompensa inmediata. Pero también porque reduce durante un rato una sensación desagradable. En psicología del aprendizaje, a esta segunda posibilidad se la llama refuerzo negativo: no significa castigo, sino que algo se repite porque retira o alivia malestar. En el consumo de alcohol, por ejemplo, recompensa y alivio pueden coexistir y cambiar de peso con el tiempo.[3] [4]

Imaginemos una secuencia posible. Aparecen ansiedad, soledad, dolor o agotamiento. La persona anticipa que una sustancia o una conducta producirá cierto efecto. El alivio llega rápido y el cerebro aprende esa relación. Si después aparecen conflictos, vergüenza o problemas de salud, el nuevo malestar puede volver a activar la misma búsqueda de alivio. Es un círculo plausible, pero no una explicación universal.

Con la repetición, una respuesta también puede ganar terreno. Una hora del día, un lugar, una emoción, una persona o un objeto asociados al consumo pueden convertirse en señales. Por eso el deseo puede aparecer con fuerza aunque la decisión de cambiar siga presente. Estas señales aumentan el riesgo, pero no deciden el desenlace ni hacen inevitable una recaída.[2] [8]

Automático no significa inconsciente. La respuesta puede necesitar menos deliberación y seguir orientada a un efecto, como placer, calma o desconexión. Una rutina aprendida y una decisión consciente pueden convivir.[8]

Por eso, hábito, compulsión y adicción no son sinónimos. Un hábito puede ser frecuente e inocuo. Una compulsión describe una presión difícil de resistir, pero no identifica por sí sola una adicción. Para hablar de un trastorno hay que valorar el control, la prioridad que adquiere la conducta, su persistencia pese a las consecuencias y los criterios clínicos específicos. Repetir algo muchas veces no basta.[14] [15]

Cuando el alivio nos aleja de la vida que queremos

Volvamos a la persona que aplazó la llamada. La conducta no ocupó únicamente una parte de la tarde. También desplazó una relación que le importaba. Este coste suele ser menos visible que una consecuencia inmediata, pero ayuda a formular una pregunta útil: además de lo que la conducta proporciona ahora, ¿qué está dejando fuera?

Washton y Boundy dieron mucho peso a la idea de cambiar el estado de ánimo. Los estudios posteriores no ofrecen una respuesta única. Algunos han relacionado la evitación de emociones desagradables con ciertos patrones de consumo de alcohol, especialmente en solitario; otros han encontrado vínculos débiles. El contexto importa y no todo consumo responde a una huida emocional.[5] [6]

También se ha estudiado la sensación de desconexión personal. En una muestra universitaria, los problemas de alcohol se asociaron modestamente con más autoalienación y con una menor percepción de vida auténtica. Como todas las variables se midieron a la vez, el estudio no permite afirmar qué apareció primero ni que una cosa causara la otra.[7]

Comprender la función de una conducta no significa justificar el daño. Significa buscar un punto de intervención más preciso que la culpa.

Es más riguroso decir que una conducta problemática puede interferir en la forma en que alguien quiere vivir que afirmar que destruye su «verdadero yo». La autenticidad es una experiencia subjetiva, no una prueba diagnóstica. Y comprender el mecanismo nunca elimina la responsabilidad de protegerse, proteger a otras personas y reparar cuando ha habido daño.

Cambiar no es solo resistir

Reconocer un problema e imaginar una vida distinta son pasos importantes. Sin embargo, una buena intención no elimina de golpe el deseo intenso, los síntomas de abstinencia, las expectativas aprendidas ni las presiones del entorno. Tampoco resuelve automáticamente el dolor, el insomnio, la ansiedad, la depresión, el trauma o la soledad que pueden coexistir.

Por eso suele ser más útil convertir la motivación en estructura. No existe un recorrido único: según el problema, la gravedad y los riesgos, el apoyo puede incluir atención médica, intervención psicológica, medicación, reducción de daños, apoyo mutuo o una combinación adaptada a la persona.[9] [10] [15]

Un primer plan puede ser sencillo y concreto:

  • observar qué ocurre antes, durante y después de la conducta, sin reducirlo todo a una etiqueta;
  • identificar momentos, lugares, emociones y accesos que aumentan el riesgo;
  • preparar alternativas y una persona o recurso de apoyo antes de que llegue la urgencia;
  • atender con profesionales los problemas físicos, emocionales o sociales que también necesitan cuidado.

Si la conducta vuelve, el episodio no borra automáticamente lo avanzado. Puede indicar que apareció un desencadenante no previsto, que el apoyo era insuficiente o que el tratamiento necesita otra intensidad. Revisar el plan no significa minimizar las consecuencias: significa usar la información para reducir el riesgo y continuar.

Pedir ayuda antes de tocar fondo

No hace falta esperar a una crisis extrema. Conviene consultar cuando cuesta reducir o detener la conducta, ocupa cada vez más espacio, interfiere con la salud, las relaciones, los estudios o el trabajo, genera riesgo, se oculta o se ha convertido en la principal manera de soportar el malestar. Una valoración profesional no obliga a asumir una etiqueta: permite entender necesidades, riesgos y opciones.

Para problemas con alcohol, otras drogas o adicciones en general, el recurso adecuado es un servicio sanitario o especializado. En Cataluña, los centros de atención y seguimiento a las drogodependencias (CAS) ofrecen atención pública a personas con problemas relacionados con sustancias y a sus familias.[12]

Àngel Blau no es un centro generalista de adicciones. Si la preocupación está relacionada con pensamientos, impulsos o conductas hacia menores y se quiere prevenir el daño o la repetición, la entidad puede orientar dentro de su ámbito específico de prevención y derivación profesional.[13]

Ante un riesgo inmediato, una posible sobredosis, una abstinencia grave, ideas de hacerse daño o peligro para otra persona, llama al 112 o al servicio de emergencias del lugar donde te encuentres.

Lo que sigue vigente, visto desde hoy

Querer no es poder conserva una intuición valiosa: una persona puede desear sinceramente un cambio y necesitar algo más que voluntad para sostenerlo. El libro también pertenece a otra época. Algunas de sus categorías, como la idea de una «personalidad adictiva», no deben presentarse hoy como diagnósticos universales, y sus ejemplos necesitan el contraste de la evidencia actual.

Quizá la persona del inicio vuelva a llamar a su amiga. Tal vez necesite antes retirar un acceso, cambiar una rutina, contar lo que está ocurriendo o pedir ayuda especializada. El cambio no consiste únicamente en dejar algo. También consiste en recuperar tiempo, vínculos, salud y decisiones que habían ido quedando al margen.

La pregunta final, por tanto, no es solo «¿qué quiero dejar?». También puede ser «¿qué quiero volver a tener en mi vida y qué apoyo necesito para acercarme a ello?». Querer importa. No como examen moral, sino como punto de partida.

Preguntas frecuentes

Respuestas breves a algunas dudas habituales que aparecen al hablar de voluntad, repetición y adicción.

¿Una adicción es una falta de voluntad?

No. La voluntad puede iniciar el cambio, pero una adicción puede implicar aprendizaje, deseo intenso, contexto, efectos físicos y un control deteriorado. Estas dificultades pueden requerir apoyo y tratamiento.[9] [15]

¿Todo patrón repetitivo es una adicción?

No. Hay que valorar el control, el daño, la prioridad que adquiere la conducta y los criterios clínicos específicos. La frecuencia por sí sola no permite hacer un diagnóstico.

¿Actuar de forma automática significa no ser consciente?

No necesariamente. Una conducta puede requerir menos deliberación y, al mismo tiempo, estar orientada a conseguir un efecto esperado. Automaticidad y conciencia no son opuestos absolutos.[8]

¿Todas las adicciones son una forma de evadirse?

No. El alivio del malestar puede influir en algunos casos, pero también intervienen la recompensa, el contexto, la disponibilidad, la pertenencia social y otros factores.[3] [5] [6]

¿Una recaída significa que todo el proceso ha fracasado?

No necesariamente. Puede indicar que el plan debe retomarse, modificarse o intensificarse. Es importante valorar el riesgo y las consecuencias sin convertir el episodio en un juicio sobre la persona.

Fuentes, glosario y criterio editorial

Fuentes y referencias

  1. Washton, A. M., y Boundy, D. (1989; edición española 1991; nueva presentación 2023). Querer no es poder. Paidós.
  2. Lally, P., et al. (2010). How are habits formed: Modelling habit formation in the real world.
  3. National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism. Neuroscience: The Brain in Addiction and Recovery.
  4. Hogarth, L., et al. (2015). Negative mood reverses devaluation of goal-directed drug-seeking.
  5. Luoma, J. B., Pierce, B., y Levin, M. E. (2020). Experiential avoidance and negative affect as predictors of daily drinking.
  6. Serowik, K. L., y Orsillo, S. M. (2019). The relationship between substance use, experiential avoidance, and personally meaningful experiences.
  7. Gajdošová, B., Orosová, O., y Benka, J. (2018). Resilience, Authenticity, Emotionality, and Vulnerability to Alcohol Dependence.
  8. Doñamayor, N., et al. (2022). Goal-Directed and Habitual Control in Human Substance Use.
  9. National Institute on Drug Abuse. Treatment.
  10. SAMHSA (2019). Enhancing Motivation for Change in Substance Use Disorder Treatment. TIP 35.
  11. Kraus, S. W., et al. (2018). Compulsive sexual behaviour disorder in the ICD-11.
  12. Generalitat de Catalunya, Canal Salut. Centros de atención y seguimiento a las drogodependencias (CAS).
  13. Àngel Blau. Si te atraen los menores y buscas ayuda; Derivación a profesionales.
  14. National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism. Understanding Alcohol Use Disorder.
  15. Centers for Disease Control and Prevention (2024). Treatment of Substance Use Disorders.

Glosario breve

Automaticidad
Una acción se pone en marcha con menos deliberación o esfuerzo.
Craving
Deseo o urgencia intensa de consumir una sustancia o realizar una conducta.
Refuerzo negativo
Una conducta se repite porque reduce temporalmente un estado desagradable; no significa castigo.
Autoalienación
Sensación subjetiva de desconexión o desconocimiento de uno mismo.

Criterio editorial

Artículo actualizado el 18 de septiembre de 2026 a partir del libro original, fuentes institucionales y estudios revisados por pares. La obra se utiliza como hilo conductor divulgativo, no como guía clínica actual. El contenido debe revisarse si cambian las clasificaciones, las guías o los recursos mencionados.

Este contenido es informativo y no sustituye una valoración clínica individual.

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