Desde que Ângel Blau se puso en marcha, esta es una de las preguntas más frecuentes que formulan las personas usuarias. El lolicon, el shotacom y el yaoi son un tipo de hentai. Se trata de contenidos manga de contenido pornográfico. El hentai, independientemente de cuáles sean las características de sus protagonistas (es decir, si se trata de representaciones de adultos o menores), no es ilegal en España. El lolicon, el shotacom y el yaoi son creaciones manga o anime de carácter no realista. Por ello, la legislación española no contempla estos contenidos dentro del concepto de ‘pornografía infantil’ (Circular 2/2015 de la Fiscalía General del Estado, 2.3 in fine, sobre los delitos de pornografía infantil tras la reforma operada por la LO 1/2015).

Para algunas personas las representaciones propias del lolicon, shotacom o yaoi pueden ser muy perturbadoras, desagradables u ofensivas. Sin embargo, hay que recordar que este tipo de dibujos no tiene cabida en ningún tipo penal de la legislación española. Por tanto las imágenes de lolicon, shotacom o yaoi:

– No se consideran un delito contra la libertad e indemnidad sexual de los menores.

-No constituyen una apología de la explotación sexual infantil. 

-No están recogidos en el actual Código Penal como ejemplos de pornografía infantil.

No obstante, es importante valorar otras cuestiones relacionadas. Según explica Virginia Soldino, Doctora en criminología y psicóloga forense, Presidenta y cofundadora de Preven3, “para que un tipo de material de este tipo pueda ser considerado ilegal es necesario que sean imágenes extremadamente realistas, en las que el observador medio no pueda distinguir entre realidad y ficción. Es decir, esas imágenes deben de representar de forma virtual a gente ‘real’ para que se pueda considerar delito. Esto es lo que se conoce como pornografía infantil virtual.”

Cuando hablamos de pornografía infantil virtual (PIV) hacemos referencia a imágenes alteradas de personas reales por medio de un ordenador u otro medio. Esta técnica es lo que se conoce como morphing. Para comprender mejor esto, pongamos como ejemplo la alteración a través de un ordenador de un vídeo porno legal protagonizado por personas adultas. En esa alteración, de forma intencionada, se alteraría la imagen de la mujer adulta, siendo sustituida por la imagen de una menor real o partes del cuerpo de la misma.  La PVI también se puede generar creando desde cero tal imagen, por ejemplo utilizando una inteligencia artificial que diseña rostros no existentes y dándole movimiento.

En ambos casos, aunque se trate de un material alterado y ficticio, está penado dado que la similitud de la ficción con la realidad es difícil de distinguir. Aunque pueda sorprender, en el proceso jurídico, se rechaza toda prueba que demuestre que la menor representada era una ficción, una creación artificial, una imagen manipulada. Según explica Soldino, “la Fiscalía justifica que el bien jurídico protegido en estos casos es ‘la dignidad de la infancia en su conjunto’”. Es importante recalcar que en el caso de la PIV, se persigue tanto el consumo, la distribución como la creación de ese contenido.

 

¿Una persona que consume lolicon, shotacom o yaoi es un pedófilo?

No. Para valorar si una persona tiene atracción sexual hacia los niños (pedofilia), el consumo de materiales como lolicon, shotacom o yaoi no es un criterio suficiente ni para confirmar ni para descartar que estemos ante una persona con pedofilia. Por tanto, no se puede responder de manera afirmativa o negativa en términos absolutos. Hay que analizar cada caso de manera particular. Ni todas las personas que consumen lolicon, shotcacom o yaoi tienen inclinaciones sexuales de carácter pedófilo ni todas las personas pedófilas están interesadas o consumen este tipo de imágenes sexuales.

Las personas que consumen lolicon, shotacom o yaoi tienen distintas inclinaciones, intereses y motivaciones sexuales. Al respecto, es fundamental no hacer generalizaciones ni caer en el autodiagnóstico. Por ejemplo, cabe diferenciar entre una persona que tiene una vida sexual satisfactoria, hábitos sexuales saludables y además hace uso de este tipo de dibujos japoneses de otra persona que consume este tipo de material de forma compulsiva y exclusiva.

Diferentes estudios tampoco han podido vincular la asociación entre pedofilia y lolicon, pero sí que hay consenso en el ámbito académico de que la pedofilia es una parafilia, es decir, un patrón de conducta sexual en los que el deseo, la excitación y/o el placer dependen, en gran medida, de elementos atípicos, lo cual no significa que sea patológico.

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